BACK IN BLACK
I hit the sack?
Tras tres años de noviazgo y 1 de convivencia aqui estoy nuevamente SOLTERA y por cumplir 30 años!!!
OH MY GOD!
Lamentablemente perdí el ritmo de escribir, pero en estos apenas 3 meses que llevo soltera ya tengo como para escribir un librito, es cuestión de aflojar la mano y arrancar.
Por ahora sólo tengo esto, ya vendrán esas buenas historias que dios me regala para hacerme sentir idiota.
Arrivederci!
20/01/2011
17/07/2009
CASI UN AÑO
Qué loco, ya pasó casi un año desde mis últimos posts y la verdad es que sigo sin ganas de escribir.. no sé qué será... supongo que no ser más soltera aburrió mis relatos y no tengo mucho para descargar, aunque bien podría empezar a escribir cada vez que me peleo con mi novio... ahora mismo no tengo nada para decir pero intentaré poner algo uno de estos días. Gracias a los que siguieron este blog.
04/07/2008
29/02/2008
05/01/2008
Verano
Son las 15.36 del sábado 5 de enero en Punta del Este. La playa explota de gente bajo un sol que raja la tierra. Yo, frente a la computadora, menstruando con jeans y buzo. Cero espíritu veraniego. Este año no fui poseída por ninguno de los espíritus que pululan en estas fechas: navideño, año nuevero, veraniego. No sé por qué, pero me pasa que siento que el resto del mundo está viviendo una vida fantástica y que la mía es aburrida. Como si estuviera en una estación de trenes sin subirme a ninguno, simplemente viéndolos pasar por mis narices.
Me preocupa que todo sea culpa de mi nuevo estado marital "Novia" que me esté cohercionando inconscientemente, reprimiendo mi otrora espléndido espíritu fiestero de soltera, dejando salir a una matrona vieja y pacata. Novia... todavía me cuesta hablar de J como mi "novio", me rechina el oído cuando alguien se refiere a nosotros como "su novi@". Obvio que lo hablé con mi psico, pero ella se sonríe y no me ayuda.
Ahora vuelvo. Me colgué en un chat.
Me preocupa que todo sea culpa de mi nuevo estado marital "Novia" que me esté cohercionando inconscientemente, reprimiendo mi otrora espléndido espíritu fiestero de soltera, dejando salir a una matrona vieja y pacata. Novia... todavía me cuesta hablar de J como mi "novio", me rechina el oído cuando alguien se refiere a nosotros como "su novi@". Obvio que lo hablé con mi psico, pero ella se sonríe y no me ayuda.
Ahora vuelvo. Me colgué en un chat.
10/11/2007
Comentarios
Gracias por los comentarios, lo unico que os pido es a aquellos que sabeis quien soy, por favor sed (¿sed?) discretos al respecto. No he podido publicar algunos de vuestros comments porque poniais mi nombre... Salvo para aquellos pocos que a causa de ya sabeis qué me conoceis, para el resto del mundo soy Anner Kam, para serviros.
Olvidaros de mi verdadera identidad, amigos míos. Menos sabe Dios y perdona.
Olvidaros de mi verdadera identidad, amigos míos. Menos sabe Dios y perdona.
Alive and Kicking
¡Oligarca puto!
(Tenía que agregarlo, es la frase del año)
No crean que estoy muerta. No. La escasez de situaciones horribles, ridículas o traumáticas en mi vida hace que mis dedos no tengan necesidad de teclear. Sin embargo, ciertas personas cuyo criterio respeto me han exhortado a continuar escribiendo, y si bien no pensaba hacerlo en este momento, la puta canción de Aha, Take On Me, me pone una vez más frente al monitor.
Primero lo primero: Update.
Resumiendo las últimas semanas, mi relación con J se ha venido formalizando a un ritmo un tanto acelerado, pero que gracias a mi terapeuta he sabido soportar estoicamente sin demasiado pánico al compromiso. Aprovecho para comentarles que nunca llegué a salir con Pizarro y que retiro todas las acusaciones que hice en contra de J en mis últimas entradas. Estoy enganchada, feliz, nos agregamos a los teléfonos amigos, me invitó a un casamiento y empecé a tomar pastillas. Pero eso no tiene gracia para nadie excepto Schering y eu. Adiós Prime, fue un gusto compartir estos dos meses.
Ojalá fuera una gran poetiza y pudiera plasmar en palabras los sublimes pensamientos que me fluyen ante la querida presencia de J, pero ta, no puedo. ¿Alguien sabe dónde se puede comprar un poco de romanticismo, plis? Necesito urgente y en cantidades industriales. Bueno, nada, todo bien con J, paz y amor, viva la patria. Pero ayer..
¡Oligarca puto!
Ayer...
Es claro que el hecho de estar saliendo con alguien hace que mi interés por entrar al messenger se vea más que amainado ya que, como habrán visto, para mí el messenger es un gran atraedor de problemas pantalonezcos. Pero ayer mi lindo J se fue por el fin de semana y aburrida y con llagas me conecté al msn, a ver si encontraba alguna amiga que estuviera al pedo como yo.
No fue precisamente una amiga lo que encontré conectado... Como no podía ser de otra manera, Take On Me atacó en cuanto me vio online. Como es su costumbre, sin siquiera saludar, disparó:
- Qué linda tarde para ir al cine, no?
- Sí.
- Sabés qué película buena están dando?
- No. Creo que una de Merryl Streep, algo de leones y corderos.
- Vamos?
- No puedo.
- Por?
- Razones varias. Una de ellas es que estoy con llagas.
- Querés que te vaya a cuidar?
- Gracias, pero no puedo.
- Por?
- Estoy con alguien.
- Chan.
- Sep. No puedo hablar ahora. Besos. ****OFFLINE
La re puta madre que lo parió. Disculpen mi lenguaje pero LA RE PUTA MADRE QUE LO PARIÓ.
Sentí cierta satisfacción al decírselo, debo confesarlo. A pesar de que era una verdad a medias, ya que estaba sola en ese momento y podía hablar perfectamente, no era una mentira porque no pienso ir al cine con él en mi estado civil actual y, aunque no fuera físicamente, sí que estoy con alguien. De hecho la conversación no llegó a afectarme en absoluto hasta hace cinco minutos cuando los pelotudos de Aha aparecieron en el disco que yo misma puse. Y ahí estaba lavando los platos mientras Aha me llevaba a los brazos de Take On Me. Y yo me traía a la computadora con un ataque de ansiedad crónico, sin sentir ningún tipo de satisfacción ante lo dicho ayer.
Quiero que venga a cuidarme y a enfermarme. Quiero, quiero, quiero.
No Anner. No puedes dejarlo venir; no lo dejaste venir antes cuando estabas sola, ¿qué pensarás de ti si lo dejas ahora? Sería una aberración y una pérdida del dinero que gastas en la psicóloga con quien tanto has avanzado, manteniendo esa bella relación con J dentro de los cánones de la gente normal y mentalmente sana. Trabajo de campo, dicen juntas, ¿recuerdas Anner? No lo olvides. No, no, no. Anner NO. Cambia de disco, vamos, hazlo, te reconfortará.
Nota para la psico:
¿Puede ser que en el fondo esto me afecte porque J se fue por el fin de semana y me da miedo lo que haga lejos de mi presencia? Tocar tema inseguridad y cómo ésta afecta mis sentimientos hacia los hombres. Y volver a hablar sobre Take On Me y cómo siempre lo utilizo platónicamente como válvula de escape cuando tengo miedo de estar expuesta a sufrir.
Ya me estoy sintiendo un poco mejor. Ay ay ay exhibicionismo catártico... O milagro do blog, saque os demonios, pare de sufrir!
¡Oligarca puto!
(Tenía que agregarlo, es la frase del año)
No crean que estoy muerta. No. La escasez de situaciones horribles, ridículas o traumáticas en mi vida hace que mis dedos no tengan necesidad de teclear. Sin embargo, ciertas personas cuyo criterio respeto me han exhortado a continuar escribiendo, y si bien no pensaba hacerlo en este momento, la puta canción de Aha, Take On Me, me pone una vez más frente al monitor.
Primero lo primero: Update.
Resumiendo las últimas semanas, mi relación con J se ha venido formalizando a un ritmo un tanto acelerado, pero que gracias a mi terapeuta he sabido soportar estoicamente sin demasiado pánico al compromiso. Aprovecho para comentarles que nunca llegué a salir con Pizarro y que retiro todas las acusaciones que hice en contra de J en mis últimas entradas. Estoy enganchada, feliz, nos agregamos a los teléfonos amigos, me invitó a un casamiento y empecé a tomar pastillas. Pero eso no tiene gracia para nadie excepto Schering y eu. Adiós Prime, fue un gusto compartir estos dos meses.
Ojalá fuera una gran poetiza y pudiera plasmar en palabras los sublimes pensamientos que me fluyen ante la querida presencia de J, pero ta, no puedo. ¿Alguien sabe dónde se puede comprar un poco de romanticismo, plis? Necesito urgente y en cantidades industriales. Bueno, nada, todo bien con J, paz y amor, viva la patria. Pero ayer..
¡Oligarca puto!
Ayer...
Es claro que el hecho de estar saliendo con alguien hace que mi interés por entrar al messenger se vea más que amainado ya que, como habrán visto, para mí el messenger es un gran atraedor de problemas pantalonezcos. Pero ayer mi lindo J se fue por el fin de semana y aburrida y con llagas me conecté al msn, a ver si encontraba alguna amiga que estuviera al pedo como yo.
No fue precisamente una amiga lo que encontré conectado... Como no podía ser de otra manera, Take On Me atacó en cuanto me vio online. Como es su costumbre, sin siquiera saludar, disparó:
- Qué linda tarde para ir al cine, no?
- Sí.
- Sabés qué película buena están dando?
- No. Creo que una de Merryl Streep, algo de leones y corderos.
- Vamos?
- No puedo.
- Por?
- Razones varias. Una de ellas es que estoy con llagas.
- Querés que te vaya a cuidar?
- Gracias, pero no puedo.
- Por?
- Estoy con alguien.
- Chan.
- Sep. No puedo hablar ahora. Besos. ****OFFLINE
La re puta madre que lo parió. Disculpen mi lenguaje pero LA RE PUTA MADRE QUE LO PARIÓ.
Sentí cierta satisfacción al decírselo, debo confesarlo. A pesar de que era una verdad a medias, ya que estaba sola en ese momento y podía hablar perfectamente, no era una mentira porque no pienso ir al cine con él en mi estado civil actual y, aunque no fuera físicamente, sí que estoy con alguien. De hecho la conversación no llegó a afectarme en absoluto hasta hace cinco minutos cuando los pelotudos de Aha aparecieron en el disco que yo misma puse. Y ahí estaba lavando los platos mientras Aha me llevaba a los brazos de Take On Me. Y yo me traía a la computadora con un ataque de ansiedad crónico, sin sentir ningún tipo de satisfacción ante lo dicho ayer.
Quiero que venga a cuidarme y a enfermarme. Quiero, quiero, quiero.
No Anner. No puedes dejarlo venir; no lo dejaste venir antes cuando estabas sola, ¿qué pensarás de ti si lo dejas ahora? Sería una aberración y una pérdida del dinero que gastas en la psicóloga con quien tanto has avanzado, manteniendo esa bella relación con J dentro de los cánones de la gente normal y mentalmente sana. Trabajo de campo, dicen juntas, ¿recuerdas Anner? No lo olvides. No, no, no. Anner NO. Cambia de disco, vamos, hazlo, te reconfortará.
Nota para la psico:
¿Puede ser que en el fondo esto me afecte porque J se fue por el fin de semana y me da miedo lo que haga lejos de mi presencia? Tocar tema inseguridad y cómo ésta afecta mis sentimientos hacia los hombres. Y volver a hablar sobre Take On Me y cómo siempre lo utilizo platónicamente como válvula de escape cuando tengo miedo de estar expuesta a sufrir.
Ya me estoy sintiendo un poco mejor. Ay ay ay exhibicionismo catártico... O milagro do blog, saque os demonios, pare de sufrir!
¡Oligarca puto!
25/09/2007
En avant la musique!
Estoy de mal humor. Si no estuviera en un plan de ahorro tipo economía de guerra -como diría mi mamá-, me compraría un rico vino y escribiría toda la noche escuchando a Pavarotti y a la Piaf. Desde que se murió Pavarotti no paro de escucharlo, y me sigue dando lástima que se haya muerto. Es uno de esos talentos universales que no se van a repetir, demasiado para este planeta inmundo. Todavía me mosqueo cuando me acuerdo de los terrajas que tuvieron la vergüenza de abuchearlo, ¡a Pavarotti! Yo era una pendeja, pero hoy les hubiera tirado a los carabineros y apaleado hasta sangrar, por terrajas, ordinarios y ridículos. Ahora suena Serge Gainsbourg... La chanson du prevert... a Gainsbourg lo descubrí gracias a Inho, mi noviete brasilero de los veranos. No se llama Inho pero tiene un nick demasiado único y detectable para cualquiera que lo conozca. Qué lindos veranos que pasamos juntos, escuchando a Jack Johnson y a Serge; él fue quien me contó que J´t aime, moi non plus versión original tiene a la mismísima Bridgitte Bardot teniendo un orgasmo con él. Wow... trés chic!
No sé qué coño hago acordándome de Inho, supongo que es culpa de Serge. Y de que todavía no se me pasó el mal humor con J. Hoy, en el chat que describí anteriormente, me propuso una escapada de Montevideo, para aprovechar las vacaciones inter-trabajos. ¿Es posible que no se dé cuenta de que me molestó lo del sábado? ¿Es posible? Son tan obtusos los hombres, a veces creo que se quedaron atrás en la evolución, no tienen capacidad para complejidad alguna. Tenés que golpearlos para que se den cuenta del mal humor de una mujer, cero sutilidad, nulo pensamiento crítico. Torpeza emocional pura, con la excepción de Frank que suena con su Strangers in the night, ¡yo quiero un hombre como Sinatra! Sofisticado, sexy, espléndido. Pero no, Anner, a ti te toca el cavernícola de J. Acéptalo y vive con tu karma. Y no quiero pensar lo que va a ser después de que nos hayamos acostado, diossss... Pánico en la torre; ya me veo esperando durante semanas mensajitos que no van a llegar hasta que por fin asuma que el pibe se borró. Y luego me armaré de valor, tomaré fuerza y tal como me cantan Frank y Luciano gritaré a los cuatro vientos: I did it my way... Envidio con odio a todos aquellos que tuvieron el placer de ver a esos dos grandes cantando juntos... My way... me erizo sólo imaginándolos: Luciano con su mano en alto mientras Frank le sonríe y hace ese movimiento sutil de hombros que es casi como una guiñada, espectacular. Qué buen disco que hice, en serio. Piaf, Pavarotti, Sinatra, Gainsbourg, etc. Lo mejor para momentos especiales como éste; un disco que no puedo quemar, a pesar de la tentación de escucharlo seguido, tengo que preservarlo del lugar común, de la rutina musical. Me encantaría escucharlo haciendo el amor, pero no con uno de los mequetrefes que me acosan, si no con un hombre tipo Frank, alguien espléndido. Uno de esos hombres que no podés creer que te den bola, que te hacen sonreír y decir estupideces desde que llegan hasta que se van, que te hacen sentir la mujer más linda, suertuda y sexy del mundo. Uno de esos hombres por los que dejarías todo y a quien dedicarías tu vida entera. En fin, de esos que no hay en este país, o que capaz todavía yo no vi por estos lares.
Uff.
Es increíble lo que fumé hoy. Entre que estoy al pedo, que me muero de la pereza de salir de casa y la ansiedad generada tanto por J como por mi nuevo trabajo, no paro de prender un cigarrillo tras otro, como una turca, diría de nuevo mi mamá. Me di terrible sobredosis de TV, chimentos para ser más especifica. Arranqué con el del 12, el de la pelirroja, que llevó a Raquel Mancini, que sigue insistiendo en tener esas horrendas cejas estilo Sanguinetti, por favor una pinza para Raquel!!!! POR FAVOR!!! Me hace mal ver esa cantidad de pelo arriba de sus ojos. Y después el clásico Intrusos, donde la madre de no sé qué modelo que es a su vez la mujer de Diego Torres está viviendo en la calle y la hija no le da ni pelota. En fin, fue saturante, yo quería un toque de Wanda Nara y Nazarena Velez, pero no, solo tuve a las cejas de Raquel y a la suegra de Diego Torres llorando. Un fiasco.
Otra cosa que me dijo mamá, muerta de vergüenza, y volviendo a la canción de la Bardot, es que lo que ella le dice es: vos te vas, y vos venís, entrás en mis riñones y yo te retengo. Te amo. Si, te amo. Y él le responde: yo no puedo más. Yo voy, yo vengo, dentro de tus riñones... Mi amor.
¡Qué grandes! Y en francés... demasiado morbo, ¡más para una canción de los 70! Unos genios.
Disculpen los cambios de tema drásticos, pero es que el disco va pasando y las canciones me remiten a cosas incoherentes entre sí. Por ejemplo ahora volvió Pavarotti con Domingo y Carreras cantando La Donna e movile y no tengo nada para decir sobre esto. Solo que los otros dos podrían irse a su casa y dejarlo solo a Luciano.
Arrivederci!
No sé qué coño hago acordándome de Inho, supongo que es culpa de Serge. Y de que todavía no se me pasó el mal humor con J. Hoy, en el chat que describí anteriormente, me propuso una escapada de Montevideo, para aprovechar las vacaciones inter-trabajos. ¿Es posible que no se dé cuenta de que me molestó lo del sábado? ¿Es posible? Son tan obtusos los hombres, a veces creo que se quedaron atrás en la evolución, no tienen capacidad para complejidad alguna. Tenés que golpearlos para que se den cuenta del mal humor de una mujer, cero sutilidad, nulo pensamiento crítico. Torpeza emocional pura, con la excepción de Frank que suena con su Strangers in the night, ¡yo quiero un hombre como Sinatra! Sofisticado, sexy, espléndido. Pero no, Anner, a ti te toca el cavernícola de J. Acéptalo y vive con tu karma. Y no quiero pensar lo que va a ser después de que nos hayamos acostado, diossss... Pánico en la torre; ya me veo esperando durante semanas mensajitos que no van a llegar hasta que por fin asuma que el pibe se borró. Y luego me armaré de valor, tomaré fuerza y tal como me cantan Frank y Luciano gritaré a los cuatro vientos: I did it my way... Envidio con odio a todos aquellos que tuvieron el placer de ver a esos dos grandes cantando juntos... My way... me erizo sólo imaginándolos: Luciano con su mano en alto mientras Frank le sonríe y hace ese movimiento sutil de hombros que es casi como una guiñada, espectacular. Qué buen disco que hice, en serio. Piaf, Pavarotti, Sinatra, Gainsbourg, etc. Lo mejor para momentos especiales como éste; un disco que no puedo quemar, a pesar de la tentación de escucharlo seguido, tengo que preservarlo del lugar común, de la rutina musical. Me encantaría escucharlo haciendo el amor, pero no con uno de los mequetrefes que me acosan, si no con un hombre tipo Frank, alguien espléndido. Uno de esos hombres que no podés creer que te den bola, que te hacen sonreír y decir estupideces desde que llegan hasta que se van, que te hacen sentir la mujer más linda, suertuda y sexy del mundo. Uno de esos hombres por los que dejarías todo y a quien dedicarías tu vida entera. En fin, de esos que no hay en este país, o que capaz todavía yo no vi por estos lares.
Uff.
Es increíble lo que fumé hoy. Entre que estoy al pedo, que me muero de la pereza de salir de casa y la ansiedad generada tanto por J como por mi nuevo trabajo, no paro de prender un cigarrillo tras otro, como una turca, diría de nuevo mi mamá. Me di terrible sobredosis de TV, chimentos para ser más especifica. Arranqué con el del 12, el de la pelirroja, que llevó a Raquel Mancini, que sigue insistiendo en tener esas horrendas cejas estilo Sanguinetti, por favor una pinza para Raquel!!!! POR FAVOR!!! Me hace mal ver esa cantidad de pelo arriba de sus ojos. Y después el clásico Intrusos, donde la madre de no sé qué modelo que es a su vez la mujer de Diego Torres está viviendo en la calle y la hija no le da ni pelota. En fin, fue saturante, yo quería un toque de Wanda Nara y Nazarena Velez, pero no, solo tuve a las cejas de Raquel y a la suegra de Diego Torres llorando. Un fiasco.
Otra cosa que me dijo mamá, muerta de vergüenza, y volviendo a la canción de la Bardot, es que lo que ella le dice es: vos te vas, y vos venís, entrás en mis riñones y yo te retengo. Te amo. Si, te amo. Y él le responde: yo no puedo más. Yo voy, yo vengo, dentro de tus riñones... Mi amor.
¡Qué grandes! Y en francés... demasiado morbo, ¡más para una canción de los 70! Unos genios.
Disculpen los cambios de tema drásticos, pero es que el disco va pasando y las canciones me remiten a cosas incoherentes entre sí. Por ejemplo ahora volvió Pavarotti con Domingo y Carreras cantando La Donna e movile y no tengo nada para decir sobre esto. Solo que los otros dos podrían irse a su casa y dejarlo solo a Luciano.
Arrivederci!
24/09/2007
Como Inca doblegada
Me gustaría saber qué mecanismo hace que los hombres resuciten cuando una empieza una relación con alguien. Parece que tuvieran un olfato especial para caer justo en el preciso momento en que decido dejar la soltería, que en mi vida es lo mismo que la soledad.
Pues no sé qué los mueve pero desde que empecé a salir con J no han parado de sobrevolar como buitres carroñeros sobre mi pobre personita; Krishna que cree que está todo bien entre nosotros y que me re importa, me manda mails excusándose por no haberse reportado la semana pasada, convencido de que estuve esperando sentada a que me llamara, mientras promete que nos vamos a ver y me invita a la presentación de su próximo disco. Yo, claro, tampoco lo quiero borrar del todo, no sea cosa que suceda lo que SIEMPRE pasa y en menos de un mes me encuentre seducida y abandonada; entonces tengo que estar manejándolo como si fuera un títere viendo como tirarle onda sin concretar una salida. Es un stress.
Take on me, por su parte, complicado... Lo estuve analizando con mi psicóloga y me recomendó, casi amenazándome con la posibilidad de perder la cordura y cualquier resto de amor propio si le doy vida, que no lo fuera a visitar por que me mueven deseos masoquistas y autodestructivos que debo reprimir en pos de mi salud mental. Ergo, decidí mantenerme fuera de su alcance por el momento.
Pero el gallego... Pizarro... soy una perra, ya está. Recién estuve chateando con él y con J a la vez, arreglando citas con ambos... no puedo seguir así, me van a terminar lapidando en la Plaza Independencia. Lo que pasa es que estoy enojada con J, aunque él no lo sabe o se está haciendo el boludo, y ta, eso no ayuda si tengo al gallego invitándome a salir con un entusiasmo que nunca antes mostró... Acá viene el tema del olfato; hace unos seis meses que estoy sola sin que Pizarro me mandara un puto hola, y fue nada más empezar con J para que esté como loco queriendo verme. Los odio. ¿Será que hay un complot para hacerme lesbiana o monja? Creo que sí, me estoy convenciendo de que existe un pacto secreto entre todos ellos para lograr enloquecerme y sacarme del mundo heterosexual activo. Es más, seguro que hay un blog donde cuentan sus experiencias conmigo y definen sus próximos pasos conjuntamente.
Lo triste es que mi entusiasmo con J se apaga por culpa de Pizarro, es como si estuvieran en una balanza que hasta hace unos días tenía solo a J llevándose todo el peso a su favor y que hoy se me está moviendo para el otro lado, sin que vea una forma de equilibrarlo de nuevo. Y no sé hasta que punto mi enojo con J no fue motivado por la presencia implícita de Pizarro.
El sábado fue mi despedida del trabajo, en la casa de una amiga. En un acto de valentía supremo encaré a “Laura” -la que se acostó con J-, confesándole lo que estaba pasando entre nosotros quien no opuso ninguna resistencia, gracias a dios. Feliz con la buena resolución del conflicto, esperé a que J llegara sin saber si contarle o no que había hablado con ella. Y eso es lo que me embola, la historia del secreto que no sé hasta qué punto es realmente por su amigo o si es porque es un buitre y le divierte estar conmigo sin tener que blanquearlo públicamente. Porque de otra manera no tendría razones para dudar en contárselo, y sin embargo no estoy segura de que él quiera que eventualmente lo nuestro se sepa. Para colmo, y esto fue lo que más rabia me dio y que de alguna manera generó mi chat con Pizarro, a eso de las 4AM el muy idiota empezó a mandarse mensajitos y a hacer llamadas telefónicas y no sólo eso si no que se fue de la fiesta sin decirme absolutamente nada sobre sus planes. Ya sé que no podía contarme adelante de todos qué corno pensaba hacer, pero no le costaba NADA escribirme un mensaje ahí mismo para hacerme participe de su itinerario. Más no, nada, se limitó a mirarme con cara de perro mojado, en plan “perdón pero me voy”, y yo con mi mejor cara de orto le decía andate a la mierda. Porque para colmo se iba con un amiguito que es el hombre más mujeriego, putero y fiestero que conozco, lo cual obviamente significaba que no se estaban yendo a dormir. Quedé furiosa, tanto que a pesar de su cara de imbécil no bajé a abrirles, le pedí precisamente a “Laura” que bajara y le mandé un mensaje de adonde vas que respondió de manera estúpida y culpable: “No sé, querés venir?” Bue, nada, un par de mensajes más que finalizaron con un “sabes que, ya fue”, que supuse generaría una reacción en él pero no, me mando besos y se fue a la mierda. Lo gracioso fue que mi indisimulable enojo hizo que los que quedaban en la fiesta se avivaran de que entre él y yo pasaba algo, y en el fondo me alegro, que se joda por idiota. Es más, ojalá su amigo (o sea mi ex) se entere de que estamos saliendo y lo cague a puteadas por cabrón.
Por supuesto que ayer estuve carcomiéndome el cerebro todo el santo día esperando un llamado con cola de paja y en tono de disculpa, ¿pero a qué no se imaginan qué fue lo que hizo mi querido Einstein del subdesarrollo? Me mandó un mensajito como si nada hubiera pasado, intentando arreglar para vernos en la semana. No sé quien es más retrasado, si él o yo, pero por las dudas, esta semana salgo con Pizarro. A tomar por culo, gilipollas.
Funiculi, funiculaaaaaAAAAA.
Pues no sé qué los mueve pero desde que empecé a salir con J no han parado de sobrevolar como buitres carroñeros sobre mi pobre personita; Krishna que cree que está todo bien entre nosotros y que me re importa, me manda mails excusándose por no haberse reportado la semana pasada, convencido de que estuve esperando sentada a que me llamara, mientras promete que nos vamos a ver y me invita a la presentación de su próximo disco. Yo, claro, tampoco lo quiero borrar del todo, no sea cosa que suceda lo que SIEMPRE pasa y en menos de un mes me encuentre seducida y abandonada; entonces tengo que estar manejándolo como si fuera un títere viendo como tirarle onda sin concretar una salida. Es un stress.
Take on me, por su parte, complicado... Lo estuve analizando con mi psicóloga y me recomendó, casi amenazándome con la posibilidad de perder la cordura y cualquier resto de amor propio si le doy vida, que no lo fuera a visitar por que me mueven deseos masoquistas y autodestructivos que debo reprimir en pos de mi salud mental. Ergo, decidí mantenerme fuera de su alcance por el momento.
Pero el gallego... Pizarro... soy una perra, ya está. Recién estuve chateando con él y con J a la vez, arreglando citas con ambos... no puedo seguir así, me van a terminar lapidando en la Plaza Independencia. Lo que pasa es que estoy enojada con J, aunque él no lo sabe o se está haciendo el boludo, y ta, eso no ayuda si tengo al gallego invitándome a salir con un entusiasmo que nunca antes mostró... Acá viene el tema del olfato; hace unos seis meses que estoy sola sin que Pizarro me mandara un puto hola, y fue nada más empezar con J para que esté como loco queriendo verme. Los odio. ¿Será que hay un complot para hacerme lesbiana o monja? Creo que sí, me estoy convenciendo de que existe un pacto secreto entre todos ellos para lograr enloquecerme y sacarme del mundo heterosexual activo. Es más, seguro que hay un blog donde cuentan sus experiencias conmigo y definen sus próximos pasos conjuntamente.
Lo triste es que mi entusiasmo con J se apaga por culpa de Pizarro, es como si estuvieran en una balanza que hasta hace unos días tenía solo a J llevándose todo el peso a su favor y que hoy se me está moviendo para el otro lado, sin que vea una forma de equilibrarlo de nuevo. Y no sé hasta que punto mi enojo con J no fue motivado por la presencia implícita de Pizarro.
El sábado fue mi despedida del trabajo, en la casa de una amiga. En un acto de valentía supremo encaré a “Laura” -la que se acostó con J-, confesándole lo que estaba pasando entre nosotros quien no opuso ninguna resistencia, gracias a dios. Feliz con la buena resolución del conflicto, esperé a que J llegara sin saber si contarle o no que había hablado con ella. Y eso es lo que me embola, la historia del secreto que no sé hasta qué punto es realmente por su amigo o si es porque es un buitre y le divierte estar conmigo sin tener que blanquearlo públicamente. Porque de otra manera no tendría razones para dudar en contárselo, y sin embargo no estoy segura de que él quiera que eventualmente lo nuestro se sepa. Para colmo, y esto fue lo que más rabia me dio y que de alguna manera generó mi chat con Pizarro, a eso de las 4AM el muy idiota empezó a mandarse mensajitos y a hacer llamadas telefónicas y no sólo eso si no que se fue de la fiesta sin decirme absolutamente nada sobre sus planes. Ya sé que no podía contarme adelante de todos qué corno pensaba hacer, pero no le costaba NADA escribirme un mensaje ahí mismo para hacerme participe de su itinerario. Más no, nada, se limitó a mirarme con cara de perro mojado, en plan “perdón pero me voy”, y yo con mi mejor cara de orto le decía andate a la mierda. Porque para colmo se iba con un amiguito que es el hombre más mujeriego, putero y fiestero que conozco, lo cual obviamente significaba que no se estaban yendo a dormir. Quedé furiosa, tanto que a pesar de su cara de imbécil no bajé a abrirles, le pedí precisamente a “Laura” que bajara y le mandé un mensaje de adonde vas que respondió de manera estúpida y culpable: “No sé, querés venir?” Bue, nada, un par de mensajes más que finalizaron con un “sabes que, ya fue”, que supuse generaría una reacción en él pero no, me mando besos y se fue a la mierda. Lo gracioso fue que mi indisimulable enojo hizo que los que quedaban en la fiesta se avivaran de que entre él y yo pasaba algo, y en el fondo me alegro, que se joda por idiota. Es más, ojalá su amigo (o sea mi ex) se entere de que estamos saliendo y lo cague a puteadas por cabrón.
Por supuesto que ayer estuve carcomiéndome el cerebro todo el santo día esperando un llamado con cola de paja y en tono de disculpa, ¿pero a qué no se imaginan qué fue lo que hizo mi querido Einstein del subdesarrollo? Me mandó un mensajito como si nada hubiera pasado, intentando arreglar para vernos en la semana. No sé quien es más retrasado, si él o yo, pero por las dudas, esta semana salgo con Pizarro. A tomar por culo, gilipollas.
Funiculi, funiculaaaaaAAAAA.
15/09/2007
Huracán Kam
¡Qué días por dios! La última vez que escribí estaba viendo cómo acercarme al amigo de mi ex que había renunciado a la empresa donde yo trabajaba, y en estos días no sólo me acerqué sino que inauguramos con besos una relación secreta y renuncié a mi nefasto trabajo porque conseguí un laburazo de esos que se dan once in a lifetime.
Salud, dinero y amor; el huracán Kam ha hecho estragos en mi pedorra vida de telefonista mediocre y solterona. Qué grande que soy, en serio.
A partir de ahora el amigo de mi ex tendrá nombre propio y se llamará J. Quedas bautizado, hijo mío.
Aparte de J, que a pesar de las horribles pesadillas que tuve con él y mi ex ya se concretó y que pinta bien, reaparecieron de entre los muertos tres personajes clásicos de mi literatura personal: Krishna, Pizarro y Take on me.
El asunto con Krishna me temo que va a quedar otra vez frustrado por el nuevo hijo de Yahvé. Es culpa mía, mi ansiedad respecto a J que no me daba señales claras me obligó a mandarle un mail estúpido que desencadenó una serie de mensajes de intención de compra que, otra vez, se verán cancelados por la incipiente relación que se está forjando con J. Pobre Krishna, espero que esto no le ocasione sentimientos antisemitas o algo por el estilo. ¡No quiero ser la responsable de la creación de un nuevo skin-head en este planeta!
Respecto al gallego Pizarro... tendría que escribir un par de A4s sobre él, quizás lo haga en algún momento, ahora me da pereza. Brevemente: fue un franeleo largo de más de dos años que nunca se cerró y que incluyó dramas, escenas de celos, peleas, relaciones motivadas por la venganza y ainda mais, sin que jamás nos diéramos siquiera un tímido beso. Fue muy estresante pero divertido, y ayer reapareció en el messenger. Es que ahora que renuncié en mi empresa me chupa un huevo la prohibición del messenger y le estoy dando al koolim como loca, lo que genera este tipo de reencuentros cibernéticos. Pues nada, el gallego dijo ¡presente!, y con ganas de guerra. Pizarro, conquistador español en tierras latinoamericanas, galancete y mujeriego que se luce en su moto por las calles de Montevideo, asiduo buitre de templos del levante como Santos y pecadores; Pizarro, que se va en unos meses y que se merece una linda despedida de estas tierras. Si los astros nos acompañan, esta charrúa le mostrará lo que es una india con garra! Jaja... creo que me enganché demasiado con el Zorro, la espada y la rosa. Dicho sea de paso, qué suerte que ya se terminó, porque la idiota de Esmeralda ganándose al bombón de Diego de la Vega me sacaba de quicio.
Por último, y no menos importante, tenemos a Take on me avanzando en la línea de combate. Y Take on me tiene la capacidad de no dejarme pensar, ni siquiera dormir en paz. Cuando aparece desconfigura todo mi sistema en menos de cinco segundos, es un virus letal imborrable cuya acción es esporádica pero altamente destructiva. Sexy mother fucker. Tiene la capacidad de hacerme enfurecer, avergonzarme y reír al mismo tiempo; me dice y me obliga a decirle cosas que ameritarían un suicidio en masa y sin embargo, ahí estoy, sin poder bloquearlo del messenger y prometiéndole que lo voy a visitar el martes. Es mi gran papelón personal, un tormento para mi psiquis.
De todas maneras, I´m so fucking happy I could cry. Gracias huracán Kam, ante ti me arrodillo.
Salud, dinero y amor; el huracán Kam ha hecho estragos en mi pedorra vida de telefonista mediocre y solterona. Qué grande que soy, en serio.
A partir de ahora el amigo de mi ex tendrá nombre propio y se llamará J. Quedas bautizado, hijo mío.
Aparte de J, que a pesar de las horribles pesadillas que tuve con él y mi ex ya se concretó y que pinta bien, reaparecieron de entre los muertos tres personajes clásicos de mi literatura personal: Krishna, Pizarro y Take on me.
El asunto con Krishna me temo que va a quedar otra vez frustrado por el nuevo hijo de Yahvé. Es culpa mía, mi ansiedad respecto a J que no me daba señales claras me obligó a mandarle un mail estúpido que desencadenó una serie de mensajes de intención de compra que, otra vez, se verán cancelados por la incipiente relación que se está forjando con J. Pobre Krishna, espero que esto no le ocasione sentimientos antisemitas o algo por el estilo. ¡No quiero ser la responsable de la creación de un nuevo skin-head en este planeta!
Respecto al gallego Pizarro... tendría que escribir un par de A4s sobre él, quizás lo haga en algún momento, ahora me da pereza. Brevemente: fue un franeleo largo de más de dos años que nunca se cerró y que incluyó dramas, escenas de celos, peleas, relaciones motivadas por la venganza y ainda mais, sin que jamás nos diéramos siquiera un tímido beso. Fue muy estresante pero divertido, y ayer reapareció en el messenger. Es que ahora que renuncié en mi empresa me chupa un huevo la prohibición del messenger y le estoy dando al koolim como loca, lo que genera este tipo de reencuentros cibernéticos. Pues nada, el gallego dijo ¡presente!, y con ganas de guerra. Pizarro, conquistador español en tierras latinoamericanas, galancete y mujeriego que se luce en su moto por las calles de Montevideo, asiduo buitre de templos del levante como Santos y pecadores; Pizarro, que se va en unos meses y que se merece una linda despedida de estas tierras. Si los astros nos acompañan, esta charrúa le mostrará lo que es una india con garra! Jaja... creo que me enganché demasiado con el Zorro, la espada y la rosa. Dicho sea de paso, qué suerte que ya se terminó, porque la idiota de Esmeralda ganándose al bombón de Diego de la Vega me sacaba de quicio.
Por último, y no menos importante, tenemos a Take on me avanzando en la línea de combate. Y Take on me tiene la capacidad de no dejarme pensar, ni siquiera dormir en paz. Cuando aparece desconfigura todo mi sistema en menos de cinco segundos, es un virus letal imborrable cuya acción es esporádica pero altamente destructiva. Sexy mother fucker. Tiene la capacidad de hacerme enfurecer, avergonzarme y reír al mismo tiempo; me dice y me obliga a decirle cosas que ameritarían un suicidio en masa y sin embargo, ahí estoy, sin poder bloquearlo del messenger y prometiéndole que lo voy a visitar el martes. Es mi gran papelón personal, un tormento para mi psiquis.
De todas maneras, I´m so fucking happy I could cry. Gracias huracán Kam, ante ti me arrodillo.
Se va la barca
Jueves 06 SEPSe va, se va la barca.
Se va, se va el vapor.
El lunes por la mañana
También se va mi amor.
Bue, tampoco nos pongamos melodramáticos; no es mi amor ni se va el lunes. Pero se va un día de la semana que viene y no hay noticias en el frente. Ayer me tiró mucha onda pero hoy niente. ¡Y yo ya tenía organizado todo el fin de semana en función de nuestro encuentro seguro!
El plan maestro consistía en que hoy y mañana él me iba a atomizar por el messenger con sus frasecitas ambiguas y en un punto dado yo le iba a preguntar si estaba jugando o si lo tenia que tomar en serio. Esto parte de la base de que ayer sí hubo mucha acción de su parte, incluso se acercó a mi escritorio unas cuatro veces pero yo estaba a full y no pude casi hablar con él. Asumí que hoy se iba a repetir la historia y así fue que elucubré mi fantástico plan.
En respuesta a mi pregunta, él por supuesto que me iba a decir que estaba hablando en serio, a lo que yo retrucaría con un “entonces tenemos que hablar”. La segunda parte de mi plan era quedar para el sábado a la noche, así tenia la mañana para salir de compras con el sueldo recién cobrado, en busca de algo lindo para ponerme, después ir a un almuerzo que tengo fijado, que me iba a entretener y distraer la ansiedad hasta entrada la tarde, y a la noche vernos con tiempo de sobra para una gran producción.
No sé en qué está pensando el muy idiota que no sigue mis planes al pie de la letra, ¡con lo beneficioso que sería para ambos!
Esta actitud de indiferencia generó una reacción errónea en mi, ya que a pesar de que pensaba dejarlo acercarse solo, no tuve más remedio que iniciar charlas estúpidas a las que respondió secamente. En conclusión, no me dio bola en toda la tarde.
Tengo un problema técnico. Yo cargo el blog en el laburo y ahora me da pánico abrirlo y que justo pase por mi escritorio y llegue a leer algo de lo que está acá, por lo que tengo que esperar a que él se vaya e igual mirar para todos los costados no sea cosa que pase la chica con la que se acostó y me descubra, que dicho sea de paso hoy pasó por su escritorio a charlar y, supongo, a despedirse o concretar una despedida más íntima.
Lo de “Laura” –nombre básico por excelencia, ideal para apodar a cualquier persona- me preocupa ya que después de su aparición le pregunté a él cuando era que se iba y nunca me respondió. No responder sabiendo que el otro te está viendo sentado en tu escritorio es una falta grave, tarjeta amarilla. Y por eso me parece que en esa charla se concretó algo que boicoteó mi fantasía sabatina. Shit!
DANGER DANGER DANGER
06/09/2007
27/08/2007
Monólogos de la vagina
¿Es de perra hablar de sexo?
¿Es de perra?
Ayer vi en la tele parte del videito de Wanda Nara. Ese en que la filman en plena arrodillada. On your knees baby!
No sé bien qué me despertó, pero sigo pensando en eso. Lástima, morbo, curiosidad. No sé. Algo.
Como decía el Mono Mario: “coger les gusta a todas”.
(Sepan disculpar el léxico, pero estoy citando textualmente).
¿Es de perra?
Ayer vi en la tele parte del videito de Wanda Nara. Ese en que la filman en plena arrodillada. On your knees baby!
No sé bien qué me despertó, pero sigo pensando en eso. Lástima, morbo, curiosidad. No sé. Algo.
Como decía el Mono Mario: “coger les gusta a todas”.
(Sepan disculpar el léxico, pero estoy citando textualmente).
Me gusta el amigo de mi ex

Es oficial, anoche soñé que nos dábamos un beso. Ya no hay vuelta atrás, el tonteo se acaba en el momento en que sueño con alguien.
La situación es más que compleja. No solamente es amigo del chico con el que salí durante el verano, sino que también somos compañeros de trabajo y, para completarla, se acostó con una chica que me cae re bien y que le sigue teniendo ganas, no correspondidas. Así que por donde lo mire, esto es un desastre. Terremoto peruano, tsunami indonés.
Me sobran razones para descartarlo, y sin embargo, me gusta. Dando vuelta el sentido de las palabras de Joaquín, nos sobran los motivos.
El viernes le pregunté a un amigo cuánto tiempo se supone que tiene que esperar un hombre para salir con una chica que salió con un amigo, a quien éste último dejó. Porque no es lo mismo que ella lo deje a que él la deje, obviamente, ni tampoco es lo mismo si fue sólo salir o si se trató de un noviazgo. Su respuesta para el caso concreto de salida con mujer dejada fue un baldazo: “y... unos siete años.” CHAN. ¿Siete años por un idiota que me dejó?
En fin.
Igual lo importante es que creo que “El amigo de mi ex” tiene onda conmigo... estoy casi segura. Pero claro, no se puede.
Situación I:
Hace unas semanas nos encontramos en el cumpleaños de un compañerito de trabajo; el alcohol sobraba y en un punto terminamos los dos charlando afuera solos. Sentados demasiado juntos, demasiado. Y a mí me pareció que no nos estábamos diciendo lo que nos estábamos mirando. No sé si queda muy claro el concepto... Habían palabras que no salían pero se veían. Raro... Por supuesto que las amigas de la chica con la que se acostó no pararon de interrumpirnos pero tras excusarme con que él es “El amigo de mi ex” y que es por eso que tenemos tanta buena onda, nos dejaron en paz. Mentiras, mentiras.
Hubo un flash esa noche, duró unos segundos pero merece recordarlo; en una de las tantas interrupciones una de las chicas nos comentó que otra se había ido por ahí con un pibe. Y ella no entendía cómo se dejaba tratar como una puta por él. Y yo, je, se me escapó, lo juro, le respondí sonriente: “Bueno, X, tampoco te stresses, capaz que a ella le gusta eso. Puede estar muy bueno que te traten como una puta a veces... “
Al pibe casi él da un ataque, cerrando los ojos como con dolor susurró con voz grave, casi como un gruñido, un ¡no Anner...! poniendo su cara contra mi hombro mientras repetía con voz lastimosa y a la vez sonriente, sin que X lo escuchara: ay Anner, Anner... (queda tan estúpido poner “Anner”; él repetía el diminutivo de mi verdadero nombre, por supuesto).
Bueno, nada, un rato después de ese momento Kodak apareció otro pibe a interrumpir (uno que me invitó a salir hace unos meses) y que es también amigo de “El amigo de mi ex”, y la cosa se disipó. Parecía un complot.
Es más fuerte que yo, no sé que hacer. El siempre me gustó, antes de conocer a su amigo yo ya lo tenía como posible candidato dentro de la empresa. Él tiene una mirada, no sé, como lasciva, que muchas detestan pero que a mí me da un morbo increíble... Y si a eso le sumás los comentarios de la chica que se acostó con él, quien confirma rotundamente mis sospechas de que es alucinante en la cama, poniendo una sonrisa orgásmica al recordarlo, la ecuación da un resultado de SI absoluto. Aparte estamos todas de acuerdo con que te mira en el trabajo y sentís que te está desnudando en su cabeza. Bueno, eso era antes de que yo empezara a ser para él “La chica de mi amigo”. A partir de ahí, me miró como si fuera Carlitos.
Situación II:
La misma noche que conocí a mi ex, en una fiesta de la empresa, “El amigo de mi ex” me habló por primera vez, intentando encararme. Yo, idiota, no le di mucha bola, embalada por la cantidad de compañeritos de trabajo que aprovechaban la ocasión para acercarse a su nueva compañerita, o sea, a mí. Al rato lo vi bailando con otra chica y lo descarté. Cuando ya estaba por irme, conocí a mi ex que había ido con él y el resto es historia – aprovecho para aclarar que lo llamo “mi ex” por llamarlo de alguna manera, ya que nunca llegamos a ser novios-.
No crean que no me planteé el problema cuando empecé a salir con mi ex, me torturaba la idea de que él justo fuera amigo del único pibe en la empresa que me gustaba, pero bueno, las cosas se dieron bien con mi ex. Así, el hoy “Amigo de mi ex” pasó a ser “El amigo del chico con el que salgo”, con todos los beneficios que eso tenía en materia de información confidencial y buen feedback para mi ex, y la verdad es que nos hicimos casi amigos, gracias al derecho de confianza que nos daban nuestros nuevos roles. Derecho de confianza que hoy, meses después de haber sido abandonada por mi ex y superadas varias semanas de depresión, es incontrolable, por lo menos de mi parte.
Quizás el hecho de que yo haya salido con su amigo potenció las ganas. No sé... es una situación tan incorrecta que me vuelve loca. De todas maneras todo esto estaba bajo perfecto control hasta la semana pasada, cuando me anunció que renunciaba a la empresa. Nooooo. Como una cachetada, mi mal humor fue indisimulable, me agarró terrible desesperación! Fue el detonante para una explosión que ya lleva 5 días y no parece parar. No sé cómo manejarlo, se va y se acaba el juego, ¡no lo veo más! Yo estaba convencida de que de a poquito, sutilmente, nos íbamos a ir acercando hasta que fuera inevitable el choque, pero se acaba el tiempo y no hay lugar para juegos que acorten las distancias discretamente. Habíamos avanzado bastante, pero ahora hay que tomar acción. Y el problema es que no lo veo a él dando el primer paso, está atado a su amistad con mi ex, amistad que a mi me chupa un huevo, pero que existe y nos corta. Ojo, el viernes medio que me apuró pero después se escapó.
Situación III:
Nosotros nos comunicamos vía messenger dentro de la empresa, siempre con alguna pavada que alguno de los dos inventa para empezar una conversación. La típica: dejá de pasear, ponete a laburar, cuando alguno de los dos ve al otro dando vueltas por ahí, o alguna pregunta chota respecto al laburo que no hay necesidad de hacer. El viernes el tema era la noche de la nostalgia, los planes para esa noche. Y en un momento me encajó, con ese morbooooo que lo caracteriza, mezcla de niño inocente y sex machine, si yo iba a bailar lentas. Yo me reí ante una pregunta tan ridícula, casi cursi, pero al rato, tras haberme avivado de la posible segunda intención que contenían sus palabras, le pregunté: vos? Su respuesta fue, como dirían en Colombia, una hijoputada: No tengo con quien. Seguido de un: vos bailarías conmigo?
Por favor no nos olvidemos de que seguimos siendo “El amigo de mi ex” y “La chica que salía con mi amigo”, lo que hace que cada pregunta y cada respuesta cobren una intensidad increíble. Yo, como siempre, inteligente y audaz, siguiendo la línea del abrazo de oso, le respondí con un: juas dale, seguido de: bailo con vos pero si no me pisás.
No sé por qué creo que quedo re graciosa haciendo esos comentarios tontos; una repuesta madura, frontal y directa habría sido: ¿Te gustaría bailar conmigo? Pero bueno, nada, yo soy así, me gustás viva, yo no pedí nacer así, son cosas mías. Al final quedó en que capaz iba a donde yo pensaba ir, pero yo terminé yendo a otro lugar y él no sé qué hizo. De todas maneras tampoco era el mejor contexto para encontrarnos ya que seguramente él saliera con mi ex y el resto de su grupete, lo cual no habría ayudado en nada. No sólo por la relación “Amigo de mi ex” y “ex”, sino porque todavía no puedo encontrarme con mi ex sin salir bacheteada emocionalmente, ergo, menos voy a poder tirarle onda a su amigo con él presente. Imposible.
Si pudiéramos hablarlo, si me animara a preguntarle qué nos pasa, todo sería tan fácil! Hasta estaría dispuesta a ofrecerle una relación clandestina, secreta, como de amantes. Juas. Me quedan diez días. Veremos qué pasa.
24/08/2007
Ladies night
Previa nostálgica. Espero mañana despertarme con un montón de anécdotas para contar. Ilusa.
Desde que puse este blog en un ridículo concurso de blogs, no por el concurso sino por mí ridículamente postulándolo, no paré de cambiar las fonts, los colores y las fotos. En un momento me enloquecí y lo transformé por completo, poniéndole fondo blanco y letras horrendas que por alguna razón me gustaron en el momento. Después me puse a pelotudear con los templates... error! Nunca más volví a encontrar el que tenía antes y que me gustaba tanto. Es como salir con un chico, el conjunto original es el mejor pero no puedo evitar cambiarme ochenta veces de ropa, zapatos, PEINADO! (es la parte más crítica de mi producción), para, agotada, terminar poniéndome el conjunto inicial.
Anyway...
Desde que puse este blog en un ridículo concurso de blogs, no por el concurso sino por mí ridículamente postulándolo, no paré de cambiar las fonts, los colores y las fotos. En un momento me enloquecí y lo transformé por completo, poniéndole fondo blanco y letras horrendas que por alguna razón me gustaron en el momento. Después me puse a pelotudear con los templates... error! Nunca más volví a encontrar el que tenía antes y que me gustaba tanto. Es como salir con un chico, el conjunto original es el mejor pero no puedo evitar cambiarme ochenta veces de ropa, zapatos, PEINADO! (es la parte más crítica de mi producción), para, agotada, terminar poniéndome el conjunto inicial.
Anyway...
22/08/2007
Ay Edith, qué suerte tenés
Non, Rien De Rien, Non, Je Ne Regrette Rien Ni Le Bien Qu`on M`a Fait, Ni Le Mal
Tout Ca M`est Bien Egal
Non, Rien De Rien, Non, Je Ne Regrette Rien
C`est Paye, Balaye, Oublie, Je Me Fous Du Passe
Avec Mes Souvenirs J`ai Allume Le Feu
Mes Shagrins, Mes Plaisirs,
Je N`ai Plus Besoin D`eux
Balaye Les Amours Avec Leurs Tremolos
Balaye Pour Toujours
Je Reparas A Zero
Non, Rien De Rien, Non, Je Ne Regrette Rien
Ni Le Bien Qu`on M`a Fait, Ni Le Mal
Tout Ca M`est Bien Egal
Non, Rien De Rien, Non, Je Ne Regrette Rien
Car Ma Vie, Car Me Joies
Aujourd`hui Ca Commence Avec Toi
Mientras, la pobre Jane Avril sigue bailando en el Molino, esperando encontrar aquel que le cambie la suerte. Toulouse, por su parte, bastante deformado, la mira con lascivia, le paga unos francos y se la lleva al cuarto.
13/08/2007
Como Janis Joplin
Escrito un dia cualquiera del 2006

I’ll say come on, come on, come on, come on and take it!
Take it!
Take another little piece of my heart now, baby.
Oh, oh, break it!
Break another little bit of my heart now, darling, yeah,
Oh, oh, have a!
Have another little piece of my heart now, baby,
You know you got it, child, if it makes you feel good.
Como Janis Joplin.
Como tantas personas que buscan encajar, que observan a los demás intentando descifrar el insoportable enigma de los roles; que procuran desestructurar las conductas de los demás como si de un código secreto se tratara para así, una vez decodificadas, poder adaptarlas a su deformidad individual. Una inadaptada más en una tribu de incluidos, de sonrientes y aceptados seres que conviven en armonía y consiguen hacer de sus vidas un ejemplo para seguir. Una oveja negra en un rebaño de hormigas coloradas. Una neurótica que toma vino sola en su casa un sábado a la noche, fuma hasta toser y se regocija con fotos del pasado, mientras se mimetiza con Janis, con su stress, con su muerte por cirrosis.
Una beoda que le saca fotos a su copa ante la fascinación que le genera el rojo del líquido mientras se observa a sí misma y concluye que casi siempre tiene lo que busca, pero yerra en el fin. Tiene algunas cosas controladas, pero las procura con la vana finalidad de encajar, creyendo que, adoptando ciertas características standard, logrará sentirse una mejor persona.
Como lee mucho ve como otros, extraños en tiempo y lugar, se plantean algunas cosas con las que se identifica y en esos momentos se siente acompañada, pero luego debe volver a su cotidianeidad y retorna el aislamiento. Esa necesidad de autodestrucción que le exige caos, que le implora acciones demoníacas, que le pide ir al fondo, más abajo, mucho más. Luego su cerebro y su corazón -que es blando y que es bueno, aunque lo disimule, aunque no lo vean las hormigas coloradas, aunque no lo ve ella misma la mayor parte del tiempo-, ese par de amigos que lleva dentro de su cuerpo desde que nació, que tantas veces la censuraron, la boicotearon y otras la iluminaron, la emocionaron, ellos la hacen volver al mundo real y sonreír mientras se congela en la terraza saludando al nuevo día.
Esa triste oveja es vista diariamente por las hormigas con la misma cara, el mismo aspecto de hormiga y la misma externa intención de pasarla bien y de reírse, cuando quizás solo quiere llorar, solo quiere gritarle a Dios que le explique cómo se juega, dónde carajo dejó las instrucciones, ese manual de supervivencia para este hormiguero en el que no entra. Y sin embargo entiende que nada malo le pasa en realidad, que su vida es privilegiada, que la muerte y el horror pasan por caminos alejados al de ella, que la belleza del arte, de las letras y de la naturaleza la acompañan desde que se despierta hasta que se acuesta, incluso dormida tiene el descaro de no ser perseguida por pesadillas atormentantes. Así y todo, la soledad la abraza acá, allá, donde sea que vaya, con quien sea que esté, esta ingrata no puede ser feliz más que por momentos fugaces. Los momentos mágicos de los que una vez le hablaron son lo único con lo que cuenta esta niña desagradecida, malcriada, mimada por los dioses. Visto de cerca nadie es normal leyó una vez, leyó tantas cosas... Quizás empezó a leer demasiado joven y tanta lectura le deformó el cerebro irremediablemente. Historias de amor, de guerra, de venganzas, de torturas, de religiones; miles de letras ingresadas en su base de datos que al procesarse desarrollaron un cerebro enfermo, atrofiado, desconfiado, celoso del mundo. Una outsider. Una cobarde que siempre está merodeando los distintos túneles del hormiguero sin poder sentirse plena en ninguno de ellos; túneles artísticos, económicos, sociales, amorosos, amistosos; túneles que juzga y desaprueba, encontrando siempre una razón por la cual seguir caminando en la oscuridad. Soma, mucha soma ve en el mundo pero ella es parte de esa global banda de adictos y espera que alguien le agarre la mano y la guíe como una ciega por un camino que no sea el de ella, pero que la lleve a algún lugar.
Creyendo que espera ese guía sobrevive sus días aunque solo basta con detenerse un segundo a observar sus pensamientos y es obvio que en realidad se niega a aceptar a nadie que no sea ella misma, a pesar de que su ella misma no le alcanza. Todo es desaprobado: ella, el hormiguero, los dioses, los distintos túneles. Envidia el hormiguero, muere por pertenecer a él, se carcome imaginando una vida entre hormigas pero lo escupe en cuanto pasa la puerta, en cuanto alguien la invita a entrar.
Quiere gritar, rogar que le peguen castigándose por no ser suficientemente hormiga, auto-flagelarse para redimirse de su condición de oveja, de maltrecha, deforme, inadaptada. Lo contradictorio es que, si debiera inmolarse, habría de ser por su condición mongólicamente desagradecida, por elegir ser ciega con vista, muda con voz, vieja con 25 años y horrorosamente estúpida con cerebro. Te extraño.

I’ll say come on, come on, come on, come on and take it!
Take it!
Take another little piece of my heart now, baby.
Oh, oh, break it!
Break another little bit of my heart now, darling, yeah,
Oh, oh, have a!
Have another little piece of my heart now, baby,
You know you got it, child, if it makes you feel good.
Como Janis Joplin.
Como tantas personas que buscan encajar, que observan a los demás intentando descifrar el insoportable enigma de los roles; que procuran desestructurar las conductas de los demás como si de un código secreto se tratara para así, una vez decodificadas, poder adaptarlas a su deformidad individual. Una inadaptada más en una tribu de incluidos, de sonrientes y aceptados seres que conviven en armonía y consiguen hacer de sus vidas un ejemplo para seguir. Una oveja negra en un rebaño de hormigas coloradas. Una neurótica que toma vino sola en su casa un sábado a la noche, fuma hasta toser y se regocija con fotos del pasado, mientras se mimetiza con Janis, con su stress, con su muerte por cirrosis.
Una beoda que le saca fotos a su copa ante la fascinación que le genera el rojo del líquido mientras se observa a sí misma y concluye que casi siempre tiene lo que busca, pero yerra en el fin. Tiene algunas cosas controladas, pero las procura con la vana finalidad de encajar, creyendo que, adoptando ciertas características standard, logrará sentirse una mejor persona.
Como lee mucho ve como otros, extraños en tiempo y lugar, se plantean algunas cosas con las que se identifica y en esos momentos se siente acompañada, pero luego debe volver a su cotidianeidad y retorna el aislamiento. Esa necesidad de autodestrucción que le exige caos, que le implora acciones demoníacas, que le pide ir al fondo, más abajo, mucho más. Luego su cerebro y su corazón -que es blando y que es bueno, aunque lo disimule, aunque no lo vean las hormigas coloradas, aunque no lo ve ella misma la mayor parte del tiempo-, ese par de amigos que lleva dentro de su cuerpo desde que nació, que tantas veces la censuraron, la boicotearon y otras la iluminaron, la emocionaron, ellos la hacen volver al mundo real y sonreír mientras se congela en la terraza saludando al nuevo día.
Esa triste oveja es vista diariamente por las hormigas con la misma cara, el mismo aspecto de hormiga y la misma externa intención de pasarla bien y de reírse, cuando quizás solo quiere llorar, solo quiere gritarle a Dios que le explique cómo se juega, dónde carajo dejó las instrucciones, ese manual de supervivencia para este hormiguero en el que no entra. Y sin embargo entiende que nada malo le pasa en realidad, que su vida es privilegiada, que la muerte y el horror pasan por caminos alejados al de ella, que la belleza del arte, de las letras y de la naturaleza la acompañan desde que se despierta hasta que se acuesta, incluso dormida tiene el descaro de no ser perseguida por pesadillas atormentantes. Así y todo, la soledad la abraza acá, allá, donde sea que vaya, con quien sea que esté, esta ingrata no puede ser feliz más que por momentos fugaces. Los momentos mágicos de los que una vez le hablaron son lo único con lo que cuenta esta niña desagradecida, malcriada, mimada por los dioses. Visto de cerca nadie es normal leyó una vez, leyó tantas cosas... Quizás empezó a leer demasiado joven y tanta lectura le deformó el cerebro irremediablemente. Historias de amor, de guerra, de venganzas, de torturas, de religiones; miles de letras ingresadas en su base de datos que al procesarse desarrollaron un cerebro enfermo, atrofiado, desconfiado, celoso del mundo. Una outsider. Una cobarde que siempre está merodeando los distintos túneles del hormiguero sin poder sentirse plena en ninguno de ellos; túneles artísticos, económicos, sociales, amorosos, amistosos; túneles que juzga y desaprueba, encontrando siempre una razón por la cual seguir caminando en la oscuridad. Soma, mucha soma ve en el mundo pero ella es parte de esa global banda de adictos y espera que alguien le agarre la mano y la guíe como una ciega por un camino que no sea el de ella, pero que la lleve a algún lugar.
Creyendo que espera ese guía sobrevive sus días aunque solo basta con detenerse un segundo a observar sus pensamientos y es obvio que en realidad se niega a aceptar a nadie que no sea ella misma, a pesar de que su ella misma no le alcanza. Todo es desaprobado: ella, el hormiguero, los dioses, los distintos túneles. Envidia el hormiguero, muere por pertenecer a él, se carcome imaginando una vida entre hormigas pero lo escupe en cuanto pasa la puerta, en cuanto alguien la invita a entrar.
Quiere gritar, rogar que le peguen castigándose por no ser suficientemente hormiga, auto-flagelarse para redimirse de su condición de oveja, de maltrecha, deforme, inadaptada. Lo contradictorio es que, si debiera inmolarse, habría de ser por su condición mongólicamente desagradecida, por elegir ser ciega con vista, muda con voz, vieja con 25 años y horrorosamente estúpida con cerebro. Te extraño.
Huesos
Sábado 12 AUG 07. 0208AM del domingo. Acabo de llegar a casa, está helada. Prendo la compu y la estufa. Saco fotos a algunos dibujos sobre los bordes de las hojas de mis cuadernos. Cambio y cambio de radio. Could you be loved? Ahí me quedo. Miro al monitor con cariño. O no. A veces lo odio por reprocharme no escribir. Una botella de agua, un cigarrillo y acá estoy. Empiezo.
1) Esto de estar repartiendo por ahí la dirección de este blog que se suponía era anónimo me está poniendo nerviosa. Demasiado transparente, quizás hasta exhibicionista. Psicóticamente exhibicionista.
2) Con Krishna las cosas no fluyeron a pesar de la gran compatibilidad de nuestros signos zodiacales. ¡Con qué ilusión chequié la página de mi querida Susan Miller en busca del love match según los signos! Parecía fantástica la combineta de sagitario y acuario, qué contenta me puse... El entusiasmo duró hasta el jueves, una semana y media después del abrazo de oso y ya se había terminado, por ahora. Seguramente reaparezca de entre los muertos dentro de unas semanas, o no.
Hoy, después de actualizarle mis últimas novedades, una amiga me reprochó que yo me quejo pero que siempre tengo algún huesito o as debajo de la manga. Qué confundida está... sino, fíjense a quienes se refiere como apetitosos huesos: “el golfista” y “Arnaldo André”.
El golfista es un ex compañero de la facultad, que reencontré hace un mes después de ocho años sin verlo y que me mandó un par de mensajes al celular sin intención aparente de un encuentro concreto. De más está decir que juega al golf y lo demuestra con todo su ser. No me gustaba en la facultad, pero sí me acordaba de él y de un diseño suyo con forma de queso que en su momento me resultó atractivo. Él, por su parte, se acordaba de una cachetada que le pegué a alguien en una fiesta tras un chiste ofensivo. ¡Qué recuerdo sexy y femenino, gordooo! Por suerte yo lo tengo olvidado, me avergüenza terriblemente intentar recordar la fiesta, el chiste o la cachetada. Evidentemente la relación, entre los recuerdos que tiene de mi y sus corajudos avances telefónicos, no tiene mucho futuro.
Lo de Arnaldo André es, por otra parte, bizarro. Arnaldo André es el cuñado porteño y divorciado de una amiga de mi madre que el fin de semana pasado intentó presentarnos, invitándome a su casa a comer pizzas (él estaba de visita en Punta del Este y ya que yo también estaba allá, podría ser divertido para ambos), invitación que cordialmente decliné. Pero, tras la activa participación de mi madre y su amiga, el susodicho recibió mi dirección de e-mail y decidió, en un rapto de inspiración literaria, escribirme... Al abrir mi casilla me encontré con un relato autobiográfico de la extensión del último Harry Potter en el que, con una cursilidad y exquisitez de detalle jamás vista antes, describió:
* su ubicación geográfica;
* aspecto físico;
* aficiones deportivas;
* gustos culinarios;
* su ya conocida situación marital;
* medios de transporte predilectos;
* su escolaridad, con un extenso recuento de materias aprobadas y por aprobar, junto a las razones para hacerlo;
* situación laboral;
* hobbies;
* viajes varios;
* relaciones familiares;
* etcéteras.
Luego, en un acto de alcahuetería casi inmoral, pasó a elogiar a la hermosa cuidad que me acoge, Montevideo, “a la que no tuve el gusto de ir tantas veces como hubiera querido” y, por último, cerró el pergamino medieval con una breve descripción de quien él creía que yo era, pidiendo por favor le confirmase la información junto con la alegre afirmación de que ahora sí podíamos empezar a conocernos...
¿PERDÓN? ¿Empezar a conocernos? ¿Es que tenés más para contarme todavía?
Y, sobre todo: ¿¿¿Quién te preguntó todo esto??? ¿Qué parte de “decliné la invitación a conocerte” no entendiste?
Yo no sé cómo funcionan los buscadores de pareja por Internet, pero apostaría plata a que él participa de ese tipo de foros y tiene el discurso preparado para cada avance cibernético. Por el mínimo respeto que se merece no copio y pego el mail acá, pero el tono de la carta de presentación es digno del grande de las telenovelas, el galán de los galanes: Arnaldo André. De ahí su sobrenombre.
Lindos huesos tengo, eh? Cómo no me di cuenta, qué boluda. No sé de qué me quejo...

¡Déjense de joder, plis!
Lo triste es que todos estos atrofios de relación cada vez me importan menos. Apatía emocional. Me da igual, tal como me dijo una amiga hace años: “uno va, viene, sube y baja, y termina siempre en el mismo lugar”. Sabias palabras.
Me viene a la mente el concierto de Brian Adams hace unos meses, por ejemplo. Lo escuchaba cantar e intentaba con fuerza reaccionar como reaccionaba hace no sé, doce años, cuando sus canciones eran actuales. Me esforcé hasta la desesperación para que las letras me conmovieran como lo hicieron en su momento. Y no pasó nada. Ahí fue el click: Brian Adams hoy es un baldazo de agua fría. Un golpe bajo. Es la ilusión perdida; antes de ser horriblemente ¿adulta?, imbéciles como Brian Adams me convencieron de que todos eran Robin Hoods en potencia, que el amor era obvio y poderoso. Que everything I do, I do it for you. No solo eso, sino que iban a fight for you, y también die for you. Para colmo repetía: You know is true, como para que no me quepara duda alguna de que el amor era fundamentalmente obvio y valiente. Hasta la muerte; dramático, doloroso pero extasiante. Y, por supuesto, al alcance de todos.
Hoy la realidad es que lo que hay son cobardes abrazos de oso, mensajes de celular y chats en el messenger. Y miles de personas como locas escribiendo en un blog esperando a que alguien los lea. Los mire. Les deje un comentario. Les digan que existen virtualmente. Hoy Shakespeare diría muchas letras y poco sexo. Ya ni digo amor, porque seria too much. El medio es el mensaje.
Nada. No hay nada... y no es que esté en un plan depresivo, sino más bien contemplativo. Sólo con darme una vuelta por las cabezas y corazones de mis amigos me doy cuenta que el amor no es ni obvio ni poderoso ni valiente. Más bien puede ser cansino, rutinario y ciego. U obsesivo, dominante y sumiso. Incluso conveniente o destructivo. Sin embargo, son tantos los años de educación pro amor, pareja y familia que es imposible safar de las ganas de vivirlo. Creo que funcionaba mejor cuando la gente se casaba adolescente; en esos años de mezcla entre inocencia mental y experiencias físicas uno puede realmente escuchar a Brian Adams y repetir convencido hasta el fondo del riñón que el amor es más fuerte. Después, pareciera que no se puede vivir del amor.
Seguramente soy yo que estoy tapiada emocionalmente. No es que no lo piense, por eso decidí, como última jugada, apostar a la terapia. Estoy convencida que dentro de un año mi psicóloga me va a dejar abierta de cuerpo y alma para el amor de mi vida. Tendré que invertir plata que no tengo para llegar al momento culmine en el que atravesaré un par de sesiones traumáticas recordando situaciones reprimidas en lo más profundo de mi ser. Tras ellas, juntas canalizaremos mi dolor y llegaremos al fondo de todos mis asuntos. Luego, me sentiré aliviada y feliz; seré una persona normal hasta que la muerte me separe de mi cuerpo. Y ahí va a venir el Brian y le voy a pedir un autógrafo.
1) Esto de estar repartiendo por ahí la dirección de este blog que se suponía era anónimo me está poniendo nerviosa. Demasiado transparente, quizás hasta exhibicionista. Psicóticamente exhibicionista.
2) Con Krishna las cosas no fluyeron a pesar de la gran compatibilidad de nuestros signos zodiacales. ¡Con qué ilusión chequié la página de mi querida Susan Miller en busca del love match según los signos! Parecía fantástica la combineta de sagitario y acuario, qué contenta me puse... El entusiasmo duró hasta el jueves, una semana y media después del abrazo de oso y ya se había terminado, por ahora. Seguramente reaparezca de entre los muertos dentro de unas semanas, o no.
Hoy, después de actualizarle mis últimas novedades, una amiga me reprochó que yo me quejo pero que siempre tengo algún huesito o as debajo de la manga. Qué confundida está... sino, fíjense a quienes se refiere como apetitosos huesos: “el golfista” y “Arnaldo André”.
El golfista es un ex compañero de la facultad, que reencontré hace un mes después de ocho años sin verlo y que me mandó un par de mensajes al celular sin intención aparente de un encuentro concreto. De más está decir que juega al golf y lo demuestra con todo su ser. No me gustaba en la facultad, pero sí me acordaba de él y de un diseño suyo con forma de queso que en su momento me resultó atractivo. Él, por su parte, se acordaba de una cachetada que le pegué a alguien en una fiesta tras un chiste ofensivo. ¡Qué recuerdo sexy y femenino, gordooo! Por suerte yo lo tengo olvidado, me avergüenza terriblemente intentar recordar la fiesta, el chiste o la cachetada. Evidentemente la relación, entre los recuerdos que tiene de mi y sus corajudos avances telefónicos, no tiene mucho futuro.
Lo de Arnaldo André es, por otra parte, bizarro. Arnaldo André es el cuñado porteño y divorciado de una amiga de mi madre que el fin de semana pasado intentó presentarnos, invitándome a su casa a comer pizzas (él estaba de visita en Punta del Este y ya que yo también estaba allá, podría ser divertido para ambos), invitación que cordialmente decliné. Pero, tras la activa participación de mi madre y su amiga, el susodicho recibió mi dirección de e-mail y decidió, en un rapto de inspiración literaria, escribirme... Al abrir mi casilla me encontré con un relato autobiográfico de la extensión del último Harry Potter en el que, con una cursilidad y exquisitez de detalle jamás vista antes, describió:
* su ubicación geográfica;
* aspecto físico;
* aficiones deportivas;
* gustos culinarios;
* su ya conocida situación marital;
* medios de transporte predilectos;
* su escolaridad, con un extenso recuento de materias aprobadas y por aprobar, junto a las razones para hacerlo;
* situación laboral;
* hobbies;
* viajes varios;
* relaciones familiares;
* etcéteras.
Luego, en un acto de alcahuetería casi inmoral, pasó a elogiar a la hermosa cuidad que me acoge, Montevideo, “a la que no tuve el gusto de ir tantas veces como hubiera querido” y, por último, cerró el pergamino medieval con una breve descripción de quien él creía que yo era, pidiendo por favor le confirmase la información junto con la alegre afirmación de que ahora sí podíamos empezar a conocernos...
¿PERDÓN? ¿Empezar a conocernos? ¿Es que tenés más para contarme todavía?
Y, sobre todo: ¿¿¿Quién te preguntó todo esto??? ¿Qué parte de “decliné la invitación a conocerte” no entendiste?
Yo no sé cómo funcionan los buscadores de pareja por Internet, pero apostaría plata a que él participa de ese tipo de foros y tiene el discurso preparado para cada avance cibernético. Por el mínimo respeto que se merece no copio y pego el mail acá, pero el tono de la carta de presentación es digno del grande de las telenovelas, el galán de los galanes: Arnaldo André. De ahí su sobrenombre.
Lindos huesos tengo, eh? Cómo no me di cuenta, qué boluda. No sé de qué me quejo...

¡Déjense de joder, plis!
Lo triste es que todos estos atrofios de relación cada vez me importan menos. Apatía emocional. Me da igual, tal como me dijo una amiga hace años: “uno va, viene, sube y baja, y termina siempre en el mismo lugar”. Sabias palabras.
Me viene a la mente el concierto de Brian Adams hace unos meses, por ejemplo. Lo escuchaba cantar e intentaba con fuerza reaccionar como reaccionaba hace no sé, doce años, cuando sus canciones eran actuales. Me esforcé hasta la desesperación para que las letras me conmovieran como lo hicieron en su momento. Y no pasó nada. Ahí fue el click: Brian Adams hoy es un baldazo de agua fría. Un golpe bajo. Es la ilusión perdida; antes de ser horriblemente ¿adulta?, imbéciles como Brian Adams me convencieron de que todos eran Robin Hoods en potencia, que el amor era obvio y poderoso. Que everything I do, I do it for you. No solo eso, sino que iban a fight for you, y también die for you. Para colmo repetía: You know is true, como para que no me quepara duda alguna de que el amor era fundamentalmente obvio y valiente. Hasta la muerte; dramático, doloroso pero extasiante. Y, por supuesto, al alcance de todos.
Hoy la realidad es que lo que hay son cobardes abrazos de oso, mensajes de celular y chats en el messenger. Y miles de personas como locas escribiendo en un blog esperando a que alguien los lea. Los mire. Les deje un comentario. Les digan que existen virtualmente. Hoy Shakespeare diría muchas letras y poco sexo. Ya ni digo amor, porque seria too much. El medio es el mensaje.
Nada. No hay nada... y no es que esté en un plan depresivo, sino más bien contemplativo. Sólo con darme una vuelta por las cabezas y corazones de mis amigos me doy cuenta que el amor no es ni obvio ni poderoso ni valiente. Más bien puede ser cansino, rutinario y ciego. U obsesivo, dominante y sumiso. Incluso conveniente o destructivo. Sin embargo, son tantos los años de educación pro amor, pareja y familia que es imposible safar de las ganas de vivirlo. Creo que funcionaba mejor cuando la gente se casaba adolescente; en esos años de mezcla entre inocencia mental y experiencias físicas uno puede realmente escuchar a Brian Adams y repetir convencido hasta el fondo del riñón que el amor es más fuerte. Después, pareciera que no se puede vivir del amor.
Seguramente soy yo que estoy tapiada emocionalmente. No es que no lo piense, por eso decidí, como última jugada, apostar a la terapia. Estoy convencida que dentro de un año mi psicóloga me va a dejar abierta de cuerpo y alma para el amor de mi vida. Tendré que invertir plata que no tengo para llegar al momento culmine en el que atravesaré un par de sesiones traumáticas recordando situaciones reprimidas en lo más profundo de mi ser. Tras ellas, juntas canalizaremos mi dolor y llegaremos al fondo de todos mis asuntos. Luego, me sentiré aliviada y feliz; seré una persona normal hasta que la muerte me separe de mi cuerpo. Y ahí va a venir el Brian y le voy a pedir un autógrafo.
04/08/2007
Abrazo de Oso
Si alguien se pregunta: ¿Cómo puedo arruinar de manera absoluta y definitiva el intento de encare de un tipo de más de treinta años? Yo tengo la respuesta. Repitan todos conmigo: “abrazo de oso”.
Cada vez que cuento a alguien, hombre o mujer, joven o viejo, las circunstancias en las que pronuncié esas tres palabras, malditas ellas, una risa insoportable se apodera de sus seres, mi cara se enrojece y no puedo más que esconder mi cabeza dentro de un gorro. Uff.
Después de seis meses sin vernos por fin me decidí a salir con Krishna. La semana pasada me mandó el típico mail marcador de tarjeta, un “estoy acá, disponible” cibernético al que respondí sin ganas pero que después de un par de exámenes de facultad y una fiesta que me dejó en extremo frustrada se transformó en un mensaje de texto que ofrecía una salida de martes. Lo que pasó fue, puntualmente, que después del último examen me fui a dormir una siesta a las tres de la tarde y no me desperté hasta las 7 PM. Ante la perspectiva de una horrenda noche de insomnio, recordé el mail de la semana pasada y dije: esta es la mía. ¿Quién puede estar dispuesto a salir y, capaz, tener sexo tierno conmigo una noche de martes? Krishna, quien más. Decidida a ir a por todas y a ver que me ofrecía el mundo del sexo tántrico, me duché, me depilé y elegí ropa interior decente -de la poca que me queda después de varios meses de abstinencia-. En otras palabras, me preparé cual talibán para la inmolación, con todas las municiones listas: on fire.
Así que allí fuimos a tomar unos Baileys y a intercambiar anécdotas viajeras y opiniones acerca de la vida y la religión (Jesús vs. El resto del mundo divino). Como siempre me tiró varias de sus teorías metafísicas y extraterrestres que todavía no sé como tomar. A veces me río, otras me hago la seria, no sé. Es tan raro el pibe que no sé si comprarlo o no... Tampoco sé bien que es lo que está dispuesto a vender, más de una vez me encajó un “soy free love”, “no creo en la posesión de una persona” y cosas por el estilo que denotan un enorme y místico desinterés en el compromiso.
Esa apatía fue la que hizo que seis meses atrás eligiera a un average psicólogo judío en vez de él. Tuve que optar entre Buda-Alá-Krishna-y-ainda-mais o Yahvé, y me quedé yendo al cine de la mano con la Torá hasta que decidió que era hora de dejarme. So sad. Por suerte Krishna siguió siempre presente, mandándome mensajes esporádicos desde los Andes (tan sweet... acordarse de mí en el medio de los Andes... ¡cosita!) y algún que otro mail, pero dada mi depresión post-kosher no prosperaron sus intentos de acercamiento. Hasta que una siesta demasiado larga me hizo cambiar de opinión. Pare de sufrir.
La salida fluyó naturalmente, como siempre que salgo con él, sin que ninguno de los dos mencionara la nefasta noche de mi cumpleaños, noche en la cual, sin explicaciones mediante, me decidí por el judaísmo, dejándolo abandonado en medio de gente desconocida para él. Nunca le expliqué qué era lo que estaba pasando conmigo, por qué no le di bola... La noche anterior había concretado con besos mi amor hebraico convencional y no estaba de ánimo como para traicionar algo que recién empezaba y en lo que tenía apostadas todas mis fichas. Siendo Krishna coherente con él mismo, no se hizo demasiados problemas y horas más tarde, en el boliche, lo encontré transándose a una mina contra una barra. Es tan largo el amor y tan corto el olvido para los hombres... Confieso que encontrarlo así, si bien disipó cualquier estúpido y femenino sentimiento de culpa respecto al borrón, rebote o flete implícito, hizo trastabillar a mi orgullo. Nosotros llevábamos más de cinco salidas en nuestro currículum y él nunca me había encarado hasta aquel mágico amanecer de año nuevo en la playa donde nos dimos unos besos increíblemente dulces, pero que creo haber promovido yo, no él. Ni siquiera había intentado llevarme a la cama, lo que yo, inocente de mí, atribuí a su misticismo y a la pureza espiritual que le impedían intentar un encare clásico y horriblemente básico para alguien tan sofisticado y profundo como él... Chanta... ¡No tuvo ningún problema en reventar una desconocida contra la barra al primer desplante!
De todas maneras fue un alivio ver que se las arreglaba sin mí y sin pedir explicaciones que me embolaba darle.
Volviendo a la cita y acercándonos al osoooo (cualquier rioplatense que lea esto recordará aquel personaje de Video Match que implantó al Oso en nuestro hablar diario), una vez terminados los Baileys y habiendo sido echados por la gente del bar –recordad amigos que era martes-, subimos al auto y estacionó en la puerta de mi edificio. En este punto quiero aclarar dos cosas:
1) Hasta ese momento yo había estado esperando una invitación a su casa;
2) Hay pocas situaciones que me ponen tan nerviosa como la despedida en el auto. El me bajo, no me bajo, me despido, me quedo esperando como una tarada a ver si me besa, etc., me saca de quicio. No quiero justificarme con esto, pero es algo que no puedo manejar.
Viendo que no venía la invitación y, ergo, estando ya dispuesta a bajarme e irme a dormir sola, me propuso terminar el cigarrillo en el auto, a lo que asentí expectante. Así que continuamos charlando mientras yo estiraba el cigarrillo hasta quemarme con el filtro, aferrándome a él como si fuera la verdadera razón por la que me encontraba todavía sentada con él. Cuando se terminó el pucho mi excusa se desmoronó y me vino el panic attack: mi cerebro se volvió insostenible y tuve que huir aterrada espetándole la típica: “Esteee... qué bueno haberte visto, no nos perdamos de nuevo”.
Sin embargo, después de darle un beso de despedida, él me agarró la cara otra vez... Chan! Y yo, con esa agudeza intelectual que me caracteriza, no tuve mejor ocurrencia que sacar la fantástica conclusión de que era para darme un segundo beso. Es que soy estúpida, perdónenme. Hay cuestiones básicas que escapan a mis capacidades: 1) No estoy en Europa, ACA NO SE DAN DOS BESOS;
2) Si te acercan la cara de nuevo es para besarte la boca, NO EL OTRO CACHETE.
Así fue que mi rotunda idiotez me llevó ante su hombro izquierdo y él, supongo que sin saber qué hacer ante mi reacción, se decidió por un abrazo fraterno, esperando a que yo me volviera a incorporar y ahí sí darme el beso correspondiente. ¿Pero qué hice yo, inmadura emocional, pedazo de croqueta retrógrada, subnormal y retardada? No contenta con el ridículo abrazo que había generado, abro mi boca e, imbéciiiil, pronuncio las tres palabras que me perseguirán hasta que lo vuelva a ver: abrazo de oso.
¡¡¡Abrazo de oso!!! ¡¿A quién se le ocurre decir “A-BRA-ZO–DE–O-SO ” cuando te está por besar alguien que te gusta?! ¡¡¡¿A quién?!!!
Por supuesto que después de esa mega pelotudez bajé del auto sin que nadie intentara impedírmelo y me fui a dormir con la depilación a la mierda y autoflagelándome hasta la eternidad. Abrazo de oso... increíble, de campeonato mundial. Soy peor que un teletubbie.

El beso del osito, El oso Yogui, Los ositos cariñosos, Peludo como un oso
Los tres osos, Osooo, Durmiendo como un oso, Save the Pandas
RIP
Cada vez que cuento a alguien, hombre o mujer, joven o viejo, las circunstancias en las que pronuncié esas tres palabras, malditas ellas, una risa insoportable se apodera de sus seres, mi cara se enrojece y no puedo más que esconder mi cabeza dentro de un gorro. Uff.
Después de seis meses sin vernos por fin me decidí a salir con Krishna. La semana pasada me mandó el típico mail marcador de tarjeta, un “estoy acá, disponible” cibernético al que respondí sin ganas pero que después de un par de exámenes de facultad y una fiesta que me dejó en extremo frustrada se transformó en un mensaje de texto que ofrecía una salida de martes. Lo que pasó fue, puntualmente, que después del último examen me fui a dormir una siesta a las tres de la tarde y no me desperté hasta las 7 PM. Ante la perspectiva de una horrenda noche de insomnio, recordé el mail de la semana pasada y dije: esta es la mía. ¿Quién puede estar dispuesto a salir y, capaz, tener sexo tierno conmigo una noche de martes? Krishna, quien más. Decidida a ir a por todas y a ver que me ofrecía el mundo del sexo tántrico, me duché, me depilé y elegí ropa interior decente -de la poca que me queda después de varios meses de abstinencia-. En otras palabras, me preparé cual talibán para la inmolación, con todas las municiones listas: on fire.
Así que allí fuimos a tomar unos Baileys y a intercambiar anécdotas viajeras y opiniones acerca de la vida y la religión (Jesús vs. El resto del mundo divino). Como siempre me tiró varias de sus teorías metafísicas y extraterrestres que todavía no sé como tomar. A veces me río, otras me hago la seria, no sé. Es tan raro el pibe que no sé si comprarlo o no... Tampoco sé bien que es lo que está dispuesto a vender, más de una vez me encajó un “soy free love”, “no creo en la posesión de una persona” y cosas por el estilo que denotan un enorme y místico desinterés en el compromiso.
Esa apatía fue la que hizo que seis meses atrás eligiera a un average psicólogo judío en vez de él. Tuve que optar entre Buda-Alá-Krishna-y-ainda-mais o Yahvé, y me quedé yendo al cine de la mano con la Torá hasta que decidió que era hora de dejarme. So sad. Por suerte Krishna siguió siempre presente, mandándome mensajes esporádicos desde los Andes (tan sweet... acordarse de mí en el medio de los Andes... ¡cosita!) y algún que otro mail, pero dada mi depresión post-kosher no prosperaron sus intentos de acercamiento. Hasta que una siesta demasiado larga me hizo cambiar de opinión. Pare de sufrir.
La salida fluyó naturalmente, como siempre que salgo con él, sin que ninguno de los dos mencionara la nefasta noche de mi cumpleaños, noche en la cual, sin explicaciones mediante, me decidí por el judaísmo, dejándolo abandonado en medio de gente desconocida para él. Nunca le expliqué qué era lo que estaba pasando conmigo, por qué no le di bola... La noche anterior había concretado con besos mi amor hebraico convencional y no estaba de ánimo como para traicionar algo que recién empezaba y en lo que tenía apostadas todas mis fichas. Siendo Krishna coherente con él mismo, no se hizo demasiados problemas y horas más tarde, en el boliche, lo encontré transándose a una mina contra una barra. Es tan largo el amor y tan corto el olvido para los hombres... Confieso que encontrarlo así, si bien disipó cualquier estúpido y femenino sentimiento de culpa respecto al borrón, rebote o flete implícito, hizo trastabillar a mi orgullo. Nosotros llevábamos más de cinco salidas en nuestro currículum y él nunca me había encarado hasta aquel mágico amanecer de año nuevo en la playa donde nos dimos unos besos increíblemente dulces, pero que creo haber promovido yo, no él. Ni siquiera había intentado llevarme a la cama, lo que yo, inocente de mí, atribuí a su misticismo y a la pureza espiritual que le impedían intentar un encare clásico y horriblemente básico para alguien tan sofisticado y profundo como él... Chanta... ¡No tuvo ningún problema en reventar una desconocida contra la barra al primer desplante!
De todas maneras fue un alivio ver que se las arreglaba sin mí y sin pedir explicaciones que me embolaba darle.
Volviendo a la cita y acercándonos al osoooo (cualquier rioplatense que lea esto recordará aquel personaje de Video Match que implantó al Oso en nuestro hablar diario), una vez terminados los Baileys y habiendo sido echados por la gente del bar –recordad amigos que era martes-, subimos al auto y estacionó en la puerta de mi edificio. En este punto quiero aclarar dos cosas:
1) Hasta ese momento yo había estado esperando una invitación a su casa;
2) Hay pocas situaciones que me ponen tan nerviosa como la despedida en el auto. El me bajo, no me bajo, me despido, me quedo esperando como una tarada a ver si me besa, etc., me saca de quicio. No quiero justificarme con esto, pero es algo que no puedo manejar.
Viendo que no venía la invitación y, ergo, estando ya dispuesta a bajarme e irme a dormir sola, me propuso terminar el cigarrillo en el auto, a lo que asentí expectante. Así que continuamos charlando mientras yo estiraba el cigarrillo hasta quemarme con el filtro, aferrándome a él como si fuera la verdadera razón por la que me encontraba todavía sentada con él. Cuando se terminó el pucho mi excusa se desmoronó y me vino el panic attack: mi cerebro se volvió insostenible y tuve que huir aterrada espetándole la típica: “Esteee... qué bueno haberte visto, no nos perdamos de nuevo”.
Sin embargo, después de darle un beso de despedida, él me agarró la cara otra vez... Chan! Y yo, con esa agudeza intelectual que me caracteriza, no tuve mejor ocurrencia que sacar la fantástica conclusión de que era para darme un segundo beso. Es que soy estúpida, perdónenme. Hay cuestiones básicas que escapan a mis capacidades: 1) No estoy en Europa, ACA NO SE DAN DOS BESOS;
2) Si te acercan la cara de nuevo es para besarte la boca, NO EL OTRO CACHETE.
Así fue que mi rotunda idiotez me llevó ante su hombro izquierdo y él, supongo que sin saber qué hacer ante mi reacción, se decidió por un abrazo fraterno, esperando a que yo me volviera a incorporar y ahí sí darme el beso correspondiente. ¿Pero qué hice yo, inmadura emocional, pedazo de croqueta retrógrada, subnormal y retardada? No contenta con el ridículo abrazo que había generado, abro mi boca e, imbéciiiil, pronuncio las tres palabras que me perseguirán hasta que lo vuelva a ver: abrazo de oso.
¡¡¡Abrazo de oso!!! ¡¿A quién se le ocurre decir “A-BRA-ZO–DE–O-SO ” cuando te está por besar alguien que te gusta?! ¡¡¡¿A quién?!!!
Por supuesto que después de esa mega pelotudez bajé del auto sin que nadie intentara impedírmelo y me fui a dormir con la depilación a la mierda y autoflagelándome hasta la eternidad. Abrazo de oso... increíble, de campeonato mundial. Soy peor que un teletubbie.

El beso del osito, El oso Yogui, Los ositos cariñosos, Peludo como un oso
Los tres osos, Osooo, Durmiendo como un oso, Save the Pandas
RIP
03/08/2007
Vedettes y un mexicano buenísimo
Ayer volví del estudio sin ganas de hablar. Comí una milanesa sola, sin acompañamiento, que se me quedó estancada durante toda la tarde como una piedra. De postre tomé un café y me tiré en el sillón del living esperando que la gente se me acerque, como si fuera una Mae en consulta. Hablando de Maes, mamá me aconsejó que no le pidiera nada a Imanjá, porque según ella que no cree en NADA de esto, el año pasado le tiró un jazmín al mar y la muy guacha de la diosa le concedió sus deseos pero antes de que terminara el año se los sacó todos. Dice que mejor se queda con su virgencita María de toda la vida, por que ésta Imanjá es demasiado celosa y para colmo media brasileña (importante saber que mamá es argentina, y vieron como es el tema con Argentina y el resto de Latinoamérica) así que seguro que no es de fiar. Menos mal que ella no cree en NADA de estas cosas. Volviendo a la tarde de ayer, incluso hasta tenía el pañuelo que traje de Marruecos - que uso en la cabeza para que no me quede el pelo con olor a frito cuando cocino milanesas- sobre mis piernas, dándome más imagen de Mae. Primero subió mamá y juntas reímos con los chismes argentinos y las peleas de las vedettes que aparecían en la tele. Habremos estado media hora comentando y riendo hasta que salió un tema complicado que refería a mi tía, mi mamá y su ex marido, también conocido como mi papá. Pero en lo de mamá parece que solo fuera su ex marido. Obviamente el tema no salió en la tele, si no que surgió de nuestra conversación. Yo acababa de criticar fuertemente a una vedette por su ordinariez y falta de inteligencia, muy soberbia la que escribe, para luego transformarme en una especie de Silvia Suller uruguaya que no paró de decir idioteces durante 20 minutos. Terminé y le tocó a mamá que, pobre, ya está cansada de tanto lío detrás de bambalinas, y cortó rápidamente su discurso, al estilo Moria Casán, reina de la revista. Yo estaba enojada con mi tía y mamá trató, inútilmente, de que todo volviera a ser como hacía media hora. Ahí descubrí, que entre otras propiedades mágicas, la tele sirve para evadir discusiones propias, ya que ves las de otros y te descarga.
Éramos dos vedettes gritando, más la tercera (mi tía) que no estaba presente pero que como la conocemos traíamos a colación los comentarios que ella hubiera hecho si estuviera en casa. Y papá, que tampoco estaba, aparecía como el ex productor de la obra, con una semi-aliada y dos emperradas con él. En esas estábamos cuando llegaron mis hermanos de comer con el ex productor. Ahí, mi hermana, que sería la Graciela Alfano por su belleza y aparte porque la Alfano es ingeniera y bueno, sería el modelo de "vedette inteligente", serenó con sabias palabras el quilombo, aunque de forma seria y prudente achacó al ex productor todos los problemas y apoyó a mi tía, la vedette ausente. Mi hermano, fanático número uno de las obras de papá, defendió a muerte su posición, pero como es chico y lo consideramos el utilero de la obra, sus argumentos no fueron tomados en cuenta. Así que ahí me quedé, de Mae a Silvia Suller, repudiada por el resto del elenco. Al final un par de llamadas telefónicas solucionaron el problema detonador de la pelea, pero quedamos todas agotadas. La Alfano se fue a estudiar, el utilero jugando a la compu y Moria y yo en los sofás viendo tele sin mirar.
Al rato se fueron todos y me quedé, de nuevo con el pañuelo sobre mis piernas y media caja de Marlboro lights, sola en la casa por primera vez desde que llegué de España. Como estaba un poco incómoda me di una ducha y me puse el pijama antes de que fueran las seis de la tarde. Definido como estaba mi día, conecté el contestador al primer ring y busqué entre los 60 canales algo que me mantuviera despierta.
Increíblemente encontré dos películas buenas. Una, con Fernando Luppi que hacía de profesor de literatura, que la agarré empezada, pero que terminaban yéndose a Córdoba (ARG) y mostraba mucho paisaje serrano verdaderamente estimulante. La segunda: Cecilia Roth doblada al mexicano, un viejito que no sé el nombre pero siempre aparece en las pelis chicanas y un pendejo que estaba buenísimo que es igual a un ex novio granadino del que había estado hablando justo antes de pelearme con las vedettes. El pendejo, que para colmo tocaba el violín para mi deleite, se enamoraba de Cecilia Roth y me tuvieron esperando hasta casi el final para que por fin ella le diera bola cerca de la frontera con EEUU, después de unos ridículos bailes tipo cowboys, y me regalaron unas hermosas escenas de sexo en una especie de desierto a la luz de la luna. El problema fue que en medio de tanta desnudez se me ocurrió pensar en los escorpiones y serpientes que acechan esa zona y se me fue todo el romanticismo dando paso a una especie de paranoia bichofóbica que me arruinó la tan esperada escena. Después de tal desilusión, decidí llamar a una amiga para escuchar problemas amorosos de otros y entretenerme aconsejándole cada día una cosa opuesta a la del día anterior, como vengo haciendo desde que volvió de Chile. Hoy es un machista, mañana es reeee caballero, pasado deberías dejarlo, el lunes es divino… En realidad lo único que hago es repetir lo que ella me dice, pero se ve que cuando otro dice lo que uno dice, tiene más sentido.
Take On Me
El agua cae sobre su cara, enjabona sus hombros, sus piernas. Ganó. Sí, ganó. Él siempre supo que tarde o temprano iba a caer en su jueguito y recién ahora ella se da cuenta de dónde se encuentra. Mojada sobre mojado y demasiado sola, se pregunta hasta donde querrá llevarla... Quizás su meta sea verla de rodillas pidiéndole que la quiera, o quizás saber que muere de ganas de hacerlo con él es suficiente, sólo por el placer de saberlo, con la seguridad que le da a un hombre la certeza del deseo de una mujer. Él tiene el poder; las palabras justas la llevarían a su cama y, sin embargo, elige no utilizarlas, elige seguir jugando con ella, cambiando el ritmo, presionando, desapareciendo, atacando con fuerza para escabullirse después con risas. Carcajadas insoportables que ella no tiene más remedio que compartir, porque, ¿para qué negar lo obvio? Está metida dentro de un gran chiste, una gran burla de la que es voluntariamente víctima. Lo único a lo que se aferra para mantenerse en pie es su “virtud” intacta con él, la máscara que la protege de la humillación absoluta es el orgulloso hecho de no haberse acostado con él, pero al salir de la ducha se mira al espejo y ¿de qué sirve la máscara que la protege?
A veces pone el disco copiado en la canción número 9 y siente que lo escucha a él diciéndole que se está alejando tímidamente, pero que igual viene por ella. Take on me. Y mientras lo escucha recuerda noches de amor que no lograron excitarla ni la mitad de lo que él la enloquece con sus odiadas palabras. Recuerda aquella otra en la que se olvidó de todo y se animó a zambullirse locamente en una historia de verano que no duraría más de unos días y piensa que no estuvo tan mal, y es entonces cuando algo empieza a tomar forma dentro de ella, una sonrisa se abre en su boca y el miedo desaparece. Después de escucharlo cinco o seis veces repetidas, a todo volumen, decide que sí, que tal como él le canta a través de Aha: no es mejor estar segura que arrepentida. Va a aceptar su estúpida propuesta, lo va a invitar a su casa por segunda vez, pero esta vez no lo va a echar con excusas si no que lo va a recibir con todo su cuerpo, con toda su alegría. Entonces apaga la música y tras un enorme esfuerzo mental, tras una lucha encarnizada contra sus valores, sus creencias y su ego, toma valor e intenta hacerle entender que quiere verlo. Él se sorprende, se burla y pide más: la obliga a decirle las razones por las que quiere salir con él; entre risas le exige que le confiese que se muere de ganas de dormir con él, pero que no se anima porque es una niña; la invita a irse a su casa en ese mismo momento si tanto quiere verlo. Ella se quiebra, se enoja, él se ríe, “estaba bromeando”, se termina. Fin. Así una y otra vez, en cuanto ella se enfría y lo olvida él aparece en su búsqueda, le dice que le encantaría conocerla más, que le gustaría verla y hablar con ella, que está seguro de que con ella sería feliz, esperando pacientemente a que se acerque lo suficiente para entonces golpearla hasta hacerla sangrar y decirle que él estaba sólo jugando y que ella se toma todo muy en serio.
La última vez que él había jugado con ella había sido definitivamente, sin lugar a dudas, para siempre, la última vez; lo que acababa de pasar no era más que un lapsus provocado por el calor, el aburrimiento y la copa de vino de la cena, se dice a si misma al salir de la ducha.
Se termina de secar y va decidida a su habitación.
Pero tras fumar un cigarrillo, recuesta su cabeza sobre la almohada y apaga la luz, imáginandolo a su lado, consciente de que va a tener que jugar hasta que él decida retirarse de la apuesta. No eligió participar, el final del juego tampoco depende de ella, pero piensa disfrutarlo, sola o acompañada. It´s no better to be safe than sorry...
Talking away, i dont know what I´m to say,
I´ll say it anyway: today is another day to find you... shying away...
I´ll be coming for your love, ok?
Take on me, Take me on, I´ll be gone in a day or two.
So needless to say, i´m odds and ends, but thats me, strumbling away, slowly learning that life its ok
Say after me: it´s not better to be safe than sorry
A veces pone el disco copiado en la canción número 9 y siente que lo escucha a él diciéndole que se está alejando tímidamente, pero que igual viene por ella. Take on me. Y mientras lo escucha recuerda noches de amor que no lograron excitarla ni la mitad de lo que él la enloquece con sus odiadas palabras. Recuerda aquella otra en la que se olvidó de todo y se animó a zambullirse locamente en una historia de verano que no duraría más de unos días y piensa que no estuvo tan mal, y es entonces cuando algo empieza a tomar forma dentro de ella, una sonrisa se abre en su boca y el miedo desaparece. Después de escucharlo cinco o seis veces repetidas, a todo volumen, decide que sí, que tal como él le canta a través de Aha: no es mejor estar segura que arrepentida. Va a aceptar su estúpida propuesta, lo va a invitar a su casa por segunda vez, pero esta vez no lo va a echar con excusas si no que lo va a recibir con todo su cuerpo, con toda su alegría. Entonces apaga la música y tras un enorme esfuerzo mental, tras una lucha encarnizada contra sus valores, sus creencias y su ego, toma valor e intenta hacerle entender que quiere verlo. Él se sorprende, se burla y pide más: la obliga a decirle las razones por las que quiere salir con él; entre risas le exige que le confiese que se muere de ganas de dormir con él, pero que no se anima porque es una niña; la invita a irse a su casa en ese mismo momento si tanto quiere verlo. Ella se quiebra, se enoja, él se ríe, “estaba bromeando”, se termina. Fin. Así una y otra vez, en cuanto ella se enfría y lo olvida él aparece en su búsqueda, le dice que le encantaría conocerla más, que le gustaría verla y hablar con ella, que está seguro de que con ella sería feliz, esperando pacientemente a que se acerque lo suficiente para entonces golpearla hasta hacerla sangrar y decirle que él estaba sólo jugando y que ella se toma todo muy en serio.
La última vez que él había jugado con ella había sido definitivamente, sin lugar a dudas, para siempre, la última vez; lo que acababa de pasar no era más que un lapsus provocado por el calor, el aburrimiento y la copa de vino de la cena, se dice a si misma al salir de la ducha.
Se termina de secar y va decidida a su habitación.
Pero tras fumar un cigarrillo, recuesta su cabeza sobre la almohada y apaga la luz, imáginandolo a su lado, consciente de que va a tener que jugar hasta que él decida retirarse de la apuesta. No eligió participar, el final del juego tampoco depende de ella, pero piensa disfrutarlo, sola o acompañada. It´s no better to be safe than sorry...
Talking away, i dont know what I´m to say,
I´ll say it anyway: today is another day to find you... shying away...
I´ll be coming for your love, ok?
Take on me, Take me on, I´ll be gone in a day or two.
So needless to say, i´m odds and ends, but thats me, strumbling away, slowly learning that life its ok
Say after me: it´s not better to be safe than sorry
28/06/2007
Escenas
Vos, con tu bufanda marrón y una sonrisa enorme, bajo el edificio de la agencia de viajes del Corte inglés. Vos, que no me gustaste nada cuando te conocí.
Pero yo, la tarde que me despidieron del Hendrix, o renuncié, porque vos estabas ahí y yo no podía hacer otra cosa que hablarte. Nunca te lo dije y no creo que te acuerdes ni de esa tarde ni de ese bar.
Vos, dándome el rosario árabe para que no me comiera las uñas. Para que me ayudara contra una ansiedad que no se fue. Todavía lo tengo colgado en la cabecera de mi cama, junto a otro rosario, cristiano y fosforescente, que alguien que no te llegó ni a los talones me regaló. Vos, soñando con Canadá. Vos, con tu pantalón de cuero negro estilo años setenta para deleitarme. Vos y yo trabajando en una barra que no era nuestro lugar, vos y yo cómplices de algo que todavía no era, pero que era. Algo que los dos sentíamos que era.
Vos, una tarde en la terraza, sentado a un par de metros de distancia, explicándome que te ibas. Que te tenías que ir. Bajo el sol, con las gafas puestas. Yo, caminando por la playa, sin saber qué hacer, a dónde ir, qué pensar. Vos esa noche. Vos, esa última noche, en el baño de un boliche, tal como habías dicho que jamás estarías conmigo.
Yo, viéndote salir de un locutorio, horas antes de irte. Yo, pidiéndole a Ana que te escribiera un mensaje para que vinieras. Vos entrando a donde estábamos, yéndote. Despidiéndote, frío. Helado. Yo, llamándote cuando estabas en el avión. Vos: “Sabés que te aprecio mucho”.
Yo, renunciando al bar porque no lo soportaba sin vos. Yo, llamándote, mandándote mensajes, durante días o semanas... Vos, muy lejos de lo que fuimos, mimetizado con la isla en la que estabas; vos una isla.
Vos: “no te preocupes, te llamo el lunes”. Yo, esperando tu llamado ese lunes. Y ese martes, ese miércoles, ese mes; dudando si lo que “fuimos” fue algo o lo había inventado. Yo... sin ser yo.
Vos llamándome dos años después, cuando vos ya no eras vos, ni yo era yo. Vos enamorado de otra pero acordándote de mí. Vos: “Hace tiempo que te debo esta llamada”. Yo, sin reconocer tu voz. Yo, estática, sin poder entender tu llamada, sintiendo que todavía no era inmune a vos.
Vos, cuando ya me había ido demasiado lejos, diciéndome que podría haber sido tu mujer ideal pero que no había sido tu momento. Vos diciéndome que ojalá algún día nos volvamos a ver para hablar, vos queriendo ser un buen amigo, vos preguntándome cómo estaba. Vos, enamorado de tu novia. Vos, con tu vida resuelta. Vos siendo el nuevo vos. Yo, sin haber podido dormir esa noche, diciéndote, ¿o gritándote?, que no tenias derecho a plantearme algo así. Y yo, olvidándote otra vez, sin esfuerzo, siendo la nueva yo.
Pero yo, hace pocos días, hablando con una amiga, después de mucho tiempo sin recordarte. Ella preguntándome si alguna vez sentí que alguien era para mí. Y yo mostrándole el rosario y sonriendo. Yo, acariciando los hilos de seda amarillos que cuelgan de él, con algo parecido a tristeza. No por amor, sino por nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Yo; horriblemente lejanas las ganas de que vos hubieras sido el primero y el último. Con los dos rosarios en la cabecera de mi cama, el tuyo y el de quien sí fue el primero. Yo; mientras le contaba a mi amiga quien eras, tomando conciencia de que era TU rosario el que sin darme cuenta tenía sobre mi cama. Vos... por primera vez en Uruguay, te nombré.
Yo; guardada por ahí la ilusión de verte un día; burladas ya las inocentes y añejas ganas de que nunca te casaras y volver a encontrarte en algún lugar del mundo. Encerrada la idea de que podríamos haber sido todo; olvidada la idea de que vos fueras el último. Vos, que hoy sos un extraño, que hoy solo sos un rosario colgado en mi cama.
Yo, hace un rato, prendiendo la computadora ante la desesperante necesidad de escribir algo. Y todo porque escuché una canción que me hizo pensar en vos y en otros, y en España, y en mí, que se llama “Insurrección”. Y leo lo que escribí y busco razones. Quizás es porque estoy desvelada y son las tres de la mañana, o porque hay un viento fuertísimo que hace que los árboles se agiten enloquecidos afuera, logrando un efecto hipnotizador, o simplemente es que estoy enferma y los antibióticos me dejaron KO.
Yo, en la última escena, sin saber qué hacer ahora con esta especie de película, que no sé por qué se trató de vos, que no sé de donde salió. Yo; preguntándome, como Silvio Rodríguez, ¿dónde pongo lo hallado?. Y yo, mandándote esto, intentando así sacármelo de encima.
FIN.
Pero yo, la tarde que me despidieron del Hendrix, o renuncié, porque vos estabas ahí y yo no podía hacer otra cosa que hablarte. Nunca te lo dije y no creo que te acuerdes ni de esa tarde ni de ese bar.
Vos, dándome el rosario árabe para que no me comiera las uñas. Para que me ayudara contra una ansiedad que no se fue. Todavía lo tengo colgado en la cabecera de mi cama, junto a otro rosario, cristiano y fosforescente, que alguien que no te llegó ni a los talones me regaló. Vos, soñando con Canadá. Vos, con tu pantalón de cuero negro estilo años setenta para deleitarme. Vos y yo trabajando en una barra que no era nuestro lugar, vos y yo cómplices de algo que todavía no era, pero que era. Algo que los dos sentíamos que era.
Vos, una tarde en la terraza, sentado a un par de metros de distancia, explicándome que te ibas. Que te tenías que ir. Bajo el sol, con las gafas puestas. Yo, caminando por la playa, sin saber qué hacer, a dónde ir, qué pensar. Vos esa noche. Vos, esa última noche, en el baño de un boliche, tal como habías dicho que jamás estarías conmigo.
Yo, viéndote salir de un locutorio, horas antes de irte. Yo, pidiéndole a Ana que te escribiera un mensaje para que vinieras. Vos entrando a donde estábamos, yéndote. Despidiéndote, frío. Helado. Yo, llamándote cuando estabas en el avión. Vos: “Sabés que te aprecio mucho”.
Yo, renunciando al bar porque no lo soportaba sin vos. Yo, llamándote, mandándote mensajes, durante días o semanas... Vos, muy lejos de lo que fuimos, mimetizado con la isla en la que estabas; vos una isla.
Vos: “no te preocupes, te llamo el lunes”. Yo, esperando tu llamado ese lunes. Y ese martes, ese miércoles, ese mes; dudando si lo que “fuimos” fue algo o lo había inventado. Yo... sin ser yo.
Vos llamándome dos años después, cuando vos ya no eras vos, ni yo era yo. Vos enamorado de otra pero acordándote de mí. Vos: “Hace tiempo que te debo esta llamada”. Yo, sin reconocer tu voz. Yo, estática, sin poder entender tu llamada, sintiendo que todavía no era inmune a vos.
Vos, cuando ya me había ido demasiado lejos, diciéndome que podría haber sido tu mujer ideal pero que no había sido tu momento. Vos diciéndome que ojalá algún día nos volvamos a ver para hablar, vos queriendo ser un buen amigo, vos preguntándome cómo estaba. Vos, enamorado de tu novia. Vos, con tu vida resuelta. Vos siendo el nuevo vos. Yo, sin haber podido dormir esa noche, diciéndote, ¿o gritándote?, que no tenias derecho a plantearme algo así. Y yo, olvidándote otra vez, sin esfuerzo, siendo la nueva yo.
Pero yo, hace pocos días, hablando con una amiga, después de mucho tiempo sin recordarte. Ella preguntándome si alguna vez sentí que alguien era para mí. Y yo mostrándole el rosario y sonriendo. Yo, acariciando los hilos de seda amarillos que cuelgan de él, con algo parecido a tristeza. No por amor, sino por nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Yo; horriblemente lejanas las ganas de que vos hubieras sido el primero y el último. Con los dos rosarios en la cabecera de mi cama, el tuyo y el de quien sí fue el primero. Yo; mientras le contaba a mi amiga quien eras, tomando conciencia de que era TU rosario el que sin darme cuenta tenía sobre mi cama. Vos... por primera vez en Uruguay, te nombré.
Yo; guardada por ahí la ilusión de verte un día; burladas ya las inocentes y añejas ganas de que nunca te casaras y volver a encontrarte en algún lugar del mundo. Encerrada la idea de que podríamos haber sido todo; olvidada la idea de que vos fueras el último. Vos, que hoy sos un extraño, que hoy solo sos un rosario colgado en mi cama.
Yo, hace un rato, prendiendo la computadora ante la desesperante necesidad de escribir algo. Y todo porque escuché una canción que me hizo pensar en vos y en otros, y en España, y en mí, que se llama “Insurrección”. Y leo lo que escribí y busco razones. Quizás es porque estoy desvelada y son las tres de la mañana, o porque hay un viento fuertísimo que hace que los árboles se agiten enloquecidos afuera, logrando un efecto hipnotizador, o simplemente es que estoy enferma y los antibióticos me dejaron KO.
Yo, en la última escena, sin saber qué hacer ahora con esta especie de película, que no sé por qué se trató de vos, que no sé de donde salió. Yo; preguntándome, como Silvio Rodríguez, ¿dónde pongo lo hallado?. Y yo, mandándote esto, intentando así sacármelo de encima.
FIN.
Dancing Queen
26/05/2007
16/04/2007
You, Pimp
Lucìa - Quién es ?
Joaquín - Soy yo...
Lucía - Qué vienes a buscar ?
Joaquín - A ti...
Lucía - Ya es tarde...
Joaquín - Por qué ?
Lucía - Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti...
Joaquín - Soy yo...
Lucía - Qué vienes a buscar ?
Joaquín - A ti...
Lucía - Ya es tarde...
Joaquín - Por qué ?
Lucía - Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti...
A la Bella

Momentos de felicidad, de libertad, de movimiento… De música y de amor: amor a la vida, a los demás, al Sol y a la Luna. A la noche de verano, en la playa, junto al fuego.
A la bella marihuana, única, de todos. De los años sesenta vividos en el dos mil, con más ganas, con más fuerza. Contra lo estipulado, por la libertad mental y por la paz. Y por la vida, la tuya, la mía, la de la humanidad; jugando con Dios, no a ser un dios. Jugar y danzar.
Despertar y sentir el cálido amanecer en la playa, con vos, conmigo, con Dios.
Sumergirse en una ola oceánica y hablar sin hablar. Con un amigo de los grandes, de los buenos, hablar de nada hablando de todo. Mate y galletitas.
Intercambio de sueños, compartiendo anécdotas ya escuchadas. Filosofía barata y de la cara también. Soñando hasta dormir, por un rato, bajo el sol.
Y así cae el ocaso, con abrigo prestado. Comiendo, ríendo, llorando de alegría. Hoy y ahora, en paz. Ligeros de equipaje y de ropa, descalzos, con los pies sobre la tierra y el alma en el infinito. Sin zapatos, sin cadenas…
Te quiero, me querés, nos queremos. A él también, ese desconocido que camina por la arena. Soy feliz y lo quiero. Y al árbol, al sol, al mar. A todo y a nada, que es lo mismo. Abrazo al universo abrazándote a vos.
Y abrasándonos, en el fuego de la noche que se acerca despacio. Humedad, lluvia, tormenta tropical. Las flores y nosotros nos amamos bajo el agua celestial. Y la nube, la gaviota y Él. Suma y sigue…
Noche de San Juan, al norte. Imanjá, 3 de febrero, al sur. Fuego, danzas, velas y el mar. El mar presente, siempre. Deseos imposibles mirando a tu estrella. La tuya, la única. Que es de todos y es de nadie. Depósitos de sueños, tesoreras del futuro, las estrellas. Hacemos la danza ritual alrededor del fogón, riendo. Riendo de miedo como en una montaña rusa, que no sé si será rusa.
Siempre…
Reírse del miedo, gritar riendo. Éxtasis de emociones fluyendo con risa: miedo y risa, perfecta combinación. Es vivir en verano, el estado mental de quien no teme al frío por que no lo conoce. Ser feliz, vivir en colores, fumar.
Carcajada marítima abrazada por el sol. O por el fuego nocturno, siempre rojo, siempre vivo, danzando sus diabólicos ritmos que llenan de paz a sus testigos.
Despidiéndote, con un beso salado de un adiós momentáneo, que es hasta siempre, que es hasta hoy.
¿Dónde están los ladrones, Shakira?

-¿Dónde está mi auto?- preguntó mareada la dueña de casa. Un par de caras dormidas la miraron extrañadas, sin emitir respuesta.
-¿Tu auto?- respondió alguien que entraba bailando con ojos desorbitados, mientras dirigía su mirada al jardín.
-Mi auto, sí, desapareció…-.
Reímos, ¿qué más podíamos hacer a las siete de la mañana? La fiesta había empezado unas ocho horas antes y el amanecer nos encontraba a pleno. Quedábamos unas diez personas, en distintos estados. Algunos todavía volaban por los tejados mientras bailaban con sus gafas de sol en el jardín, otros deambulaban arrastrando la resaca y algunos, como yo, estábamos cansados, con sueño y dolor de pies.
La pregunta se repetía a medida que los invitados iban entrando en la casa debido a la noticia. Debe ser una chiste, decíamos, muertos de risa ya sea por el alcohol o por la bizarrez de que un auto desapareciera del jardín. Las llaves las habían dejado colgadas en la cocina y ahora no estaban ni el auto, ni las llaves, ni las ganas de pensar. Unos fueron a buscarlo por el bosque a ver si algún gracioso lo había sacado a dar una vuelta pero no, no estaba. Llamaron a los amigos que podrían haber hecho una joda así, que se fueron después de las seis, la última vez que se había visto y nada, nadie se declaraba autor del chiste esperado.
A la dueña se le fue el colocón en cuanto asumió que no veía a su auto estacionado donde tenía que estar y claro, esperaba que todos reaccionáramos igual. Su ex novio, actual amante, se hacía un poco cargo de la situación haciendo llamadas telefónicas pero estaba flipando gambas y, por más que intentaba, no encaraba la realidad. Cada llamada era una risa.
Despertaban a la gente con:
-¿Sabes algo de la desaparición del auto de XXX?
-¿Eh?- respondían. Silencio…
-¿Desapareció un auto?- preguntaban.
Silencio seguido de bostezo...
- Ja. No, ni idea.- Cortaban.
Ok. Chau, al siguiente. Pero se repetía lo mismo una y otra vez y la dueña se estaba desesperando y nosotros con ella, que ya estábamos todos adentro, con la música apagada y los ojos bien abiertos. Yo, furiosa por no haberme ido con alguien antes, así habría zafado de esa espera insoportable, ya que la dueña ni siquiera es mi amiga y yo estaba ahí porque quienes me llevaban estaban re enfiestados y se habían quedado hasta el final. Ahora nadie podía escaparse, estábamos todos condenados a llegar hasta el final del asunto. Lo único positivo era que en vez de estar en el sofá con un par de muertos más ahora estábamos todos en el living y la espera era más colorida.
Descartamos todas las posibilidades de que fuera una broma y tomando mucha fuerza y asumiendo el robo seriamente, la dueña llamó a la policía. Respiró hondo, discó el 911 y empezó:
- Mire, mi nombre es tal, estábamos festejando un cumpleaños en mi casa, dirección tal, y desapareció mi auto.
Una risa contenida llenó el ambiente y nos miramos todos con cara de póquer, pero nadie se atrevió a soltarla. Yo me fui con mi amiga a ver si encontrábamos el auto por ahí, pero niente. Cuando volvimos los policías habían llegado. Estaban con cara de espanto ante una situación tan ridícula: un grupo de gente resacosa que había perdido un auto del mismo jardín. Parado en la puerta con el cumpleañero que no paraba de hablarle, preso de un ataque de verborrea imparable, el pobre policía callaba sin saber si ir a buscar el auto o llevárselo a él a un centro de desintoxicación. Mientras, la mujer policía que lo acompañaba nos miraba lástima, supongo que se daba cuenta del esfuerzo sobrehumano que estábamos haciendo para ser tomados en serio.
Algo muy gracioso era el alemán gay que alguien se trajo de Ibiza que no podía creer varias cosas de éste país. Primero, que en un cumpleaños cualquiera se montara una discoteca, con drogas, alcohol y habitaciones libres. Hasta ahí bien, si viene de Ibiza estará bastante curtido. Segundo, que a esa fiesta fuera gente que nadie conocía y que lo acusara, sin vergüenza, de ser homosexual. Tercero, que el pasito de baile de YMCA no se hace ni en chiste, a no ser que, de nuevo, seas gay. Y que menos se hace si la canción no está sonando en ningún lado excepto en tu cabeza. Un straight no piensa en YMCA. Cuarto, que entre las personas que estaban en la fiesta había ladrones que se llevaban llaves de la cocina y robaban el auto de la dueña de la casa. Y, como quinto acto increíble, supongo que le habrá sorprendido la poca acción y despreocupación total del resto de la gente que quedaba en la fiesta ante el robo, todavía creyendo que se trataba de un muy mal chiste.
La policía no sirvió de nada, así que empezamos nuestra propia investigación. Salimos hacia la estación a preguntar si habían echado nafta al auto ya que le quedaba poca.
- ¿Se lo robaron? - preguntó uno de los empleados.
Así fue, no habían echado nafta pero cerca de las seis habían visto al auto junto con una camioneta roja cruzar la ruta como pedo y meterse a hacer derrapes y ceritos al otro lado de la ruta. Así que ahí fuimos en busca del Corsa perdido. Dimos un par de vueltas hasta que por fin lo encontramos, en el medio de una plaza, lleno de barro y con las llaves puestas. Un obrero nos contó que escuchó el ruido de unas frenadas fuertísimas que lo despertaron creyendo que se trataba de una persecución policial y al salir a chusmear vio una camioneta roja rural y un flaco grandote con una camisa roja que se bajó del Corsa y se subió a la misma. ¡Ajá! ¡Watson, ya tenemos varias pistas!
Volvimos a la casa y empezó la busca y captura del ladrón de autos. Camisa roja, camisa roja… Había un rubio amigo de… ¿Y quién tiene una rural roja?
Sólo quedaba una persona por llamar, que había llegado al final de la fiesta con un montón de desconocidos de aspecto sospechoso y fue el último en irse. A él llamamos y sí, uno de sus amigos tenía una camioneta roja.
- Dame ya el teléfono y el nombre. Ok.
Llamó.
- ¿Vos estuviste en un cumpleaños en tal lugar hoy y te llevaste un Corsa, no? No pienses, contestá. Ya mismo te estamos yendo a cagar a trompadas. Y andá buscando a tu amigo, el que agarró el auto porque los vamos a reventar a los dos.
Todos los chicos salieron en malón, menos el alemán gay que ni lo invitaron a acompañarlos y que estaría al borde del colapso nervioso, lindos cuentos tendría de la tribu uruguaya en Alemania. Agotada me fui a dormir arriba, después de preparar té para las chicas y ayudar a limpiar un poco para calmar la ansiedad. Atrás vino mi amiga y ahí nos quedamos hasta que volvieron.
Parece ser que al final no hubo piñas porque en la casa estaba el padre del chico y no daba para pegarles dentro de su propia casa con el papá al lado, se ve que en el código de piñas no está establecido ese punto. Obviamente igual todos se culpaban entre sí de no haberles pegado, porque imagínense que cuando llegaron todas esperábamos una buena anécdota cargada de violencia y sangre, cuando al final no hubo ni insultos casi. En fin, nuestras caras eran de decepción y eran ya las once de la mañana y estábamos todos re podridos del tema, así que nos fuimos a casa, pensando en qué historia teníamos para contar y comentar mañana. Mañana no existió, por lo menos para mí, porque me desperté a las ocho de la noche, vi un rato al nuevo Presidente, me aburrió, agradecí tener cable y me quedé mirando dos pelis hasta dormirme de nuevo.
21/11/2006
Ministerio de Salud Publica

Quiero dejar de fumar. Una vez compre el libro "Usted puede dejar de fumar si sabe como", lo lei esperanzada, con una sonrisa en la cara. Al terminarlo odie fumar, pero no lo suficiente como para dejarlo.
O sea que gracias al bendito libro no puedo disfrutar mas del cigarrillo, pero tampoco puedo abandonarlo. Se parece a mi novio...
Perdon la falta de acentos de este teclado yankee.
19/11/2006
Cuando se casa una amiga de la infancia

El sábado tuve que ir a un casamiento sola. Sí, sola. Bah no sola, con unas compañeras del colegio católico al que fui hasta los doce años y del que yo misma huí, rogando a mis padres con lágrimas en los ojos que por favor me cambiaran de colegio. Por favor. Era apenas una nena cuando pedí el cambio. Un año después estaba feliz viviendo en otra cuidad con mis nuevas compañeras que terminaron siendo gentilmente invitadas a irse de mi nuevo colegio, escuchando a los Ramones y al Cuarteto de nos, dándome mi primer beso en la boca. Así que al casamiento fui sola, o peor, sola con gente a la que no quería ver, obligada por las circunstancias a llamar a una de mis ex-compañeras que solía ser obesa y que ahora no sé mediante qué milagro quirúrgico pasó a ser rellenita, incluso linda, que la que se casaba me recomendó como posible remis. Tuve que llamarla, no sin antes pedirle a dos amigos y a un pibe que se suponía que quería salir conmigo que por favor me acompañaran, sin éxito. Tal era mi desesperación que lo invité a salir, y me rebotó. Como dice mi amigo Beck: Soy un perdedor, I´m a loser baby, so why dont you kill me? Furiosa conmigo misma por no haber organizado bien la situación, habiendo dejado para último momento lo que creí que sería sencillo, o sea, la compañía y el transporte, llamé al taxi vestida con el mayor glamour posible, con el vil propósito de molestar a mis previsiblemente aún idiotas compañeritas. Con la dirección en la mano, me dirigí hacia la casa de otra de mis compañeritas del colegio de mi infancia, Claudita, pidiéndole al taxista que por favor fuera despacio porque no sabía cual era la casa. Hay cosas que no se olvidan; en cuanto la vi me acordé cual era, increíblemente, me acordé. Es acá señor, ya sé cual es la casa. Despacio me acerqué a la puerta y toqué timbre, mientras una sensación nunca antes experimentada se apoderaba de mi cuerpo. Sentí como si bajara de una máquina de tiempo, tocando ese timbre, en esa casa, después de tantos años. Me atendió Claudita, la famosa Claudita, la más popular de todas, a quien todas admirábamos y quien definía, junto a Mariana, quienes eran top y quienes no, en su enano, pero en esos tiempos tan anhelado mundo. Escuché su inconfundible voz, la misma que tenía hace demasiados años. En cuanto abrió sonreí nerviosa. Y en seguida sonreí divertida; la vida me pellizcó pícaramente mostrándome lo que hizo con ella. Bah, en realidad, lo que no hizo con ella, porque no hizo nada, seguía igual que cuando tenía doce años, con un vestido de gasa tornasolado tal como me lo imaginaba antes de salir de mi casa, un saquito negro y la cadenita de oro que le aseguré a mi hermana que todas tendrían. Sus zapatos, un par de recuerdos gastados de las fiestas de quince, como no podía ser de otra manera.
El olor a perro que había en su casa fue lo único que me agarró por sorpresa, eso sí que era inimaginable, fue como entrar en la perrera municipal. En cuanto me acomodó en su cuarto se escapó histérica con la excusa de que se iba a maquillar, emocionada con el evento de maquillarse, mientras me contaba desde el baño que estaba terminando veterinaria. Uy qué bien, pensé, Claudita le va a poner un poco de color a su vida. Pues no, su maquillaje, que tanto la excitaba, fue un simple revoque de base clara... Ni el corte de pelo le cambió con los años. Por suerte encontré en su escritorio un librito de la lucha antidrogas donde por fin averigüé de qué se trata la Pasta Base, droga inexistente en el Uruguay antes de que me fuera. Al rato apareció su madre, que seguía igual, obviamente.. y todo parecía ridículamente estático hasta que llegó su dulce novio. Para qué, hubiera preferido el sincronismo eterno a ver lo que mis ojos tuvieron que soportar. Que ashe bo!, empezó. Un Paquito Casal de traje negro sobre una camisa negra desde cuyo cuello salía, como una lengua de dragón, una corbata naranja brillante, luminosa, que ameritaba haber llevado mis Ray Bans conmigo. Para colmo llegó con una actitud que parecía que estuviera apareciendo no sé, Brad Pitt, por la puerta. Sólo pude comentar: Je, están combinados. El vestido de Claudita tornasolado variaba de tonos naranjas a amarillos, olvidé comentarles. Se sonrieron cómplicemente ante mi ocurrente comentario y dijeron, casi al unísono: Sí, tomándose de las manos. Como si la situación no fuera lo bastante surrealista, el perro había estado acostado sobre la cama, por lo que su negro novio no podía sentarse sobre ella, así que la condescendiente y futura perfecta ama de casa apoyó una bata verde agua sobre la cama para que así ella y su combinado amado pudieran sentarse y conversar animadamente sobre el partido de Cerro al que el elegante noviete había concurrido.
El resto de las "gurisas"- como les gusta auto-denominarse - no llegaban, el tiempo parecía no transcurrir. Entre conversaciones ridículas, en las que yo preguntaba en qué estás Claudita, qué estás haciendo Claudita, contame algo, Claudita, y nada de relevancia salía de su boca, llegaron las demás.
Una de ellas tiene un hijo y convive con el novio, pero no era del grupo en mi época por lo que no me divertía ver en qué andaba, ya con conocer a su pareja me alcanzó para hacerme una idea del triste tipo de vida que llevaba. Por supuesto, el vestido era tornasolado, y también naranja. Por un momento pensé que mi amiga, la que se casaba, había decidido meter damas de honor y hasta llegué a ofenderme con ella por no haberme considerado para el honorable puesto, pero no, fue una falsa alarma. Conociéndolas, apuesto cien dólares a que hablaron por teléfono antes de salir para acordar cómo vestirse para no desentonar en la boda. Otra cadenita de oro, esta vez con la virgen niña. Ah, Claudita llevaba un brillantito colgando de la suya. De repente vi entrar a la ex obesa, juro que me alegré al verla: ¡por fin algo, alguien, había evolucionado! Estaba con un vestido copado y un corte de pelo cool, aunque su personalidad era la misma de la gorda que siempre fue. Resentida y envidiosa. Me miró de arriba abajo y no respondió a mis amistosas preguntas que repetía y repetía cada vez que llegaba una nueva compañerita del colegio.
Estando todos reunidos, partimos en dos autos hacia la iglesia. Por supuesto me mandé de una con la mamá de Claudita, no podría soportar ir hasta Carrasco con la corbata naranja de "Paquito", que manejaba el otro auto. Así que me fui con la ex obesa y la mamá de Claudita rumbo a la Iglesia. En el camino recogimos a la otra gran popular, Mariana. La misma historia, para qué repetir: corte de pelo igual que a los doce años, cero maquillaje, un strapless verde manzana, la cadenita de oro y el saco de la abuela que ya había comentado previamente en la descripción de Claudita. Ah, sus zapatos, también con tiras de gamuza y de taco grueso, les doy unos cinco o diez años de edad, aproximadamente. Y quiero aclarar que no es por falta de dinero, es falta de entusiasmo nomás. Llegamos con mi amiga (la novia) entrando a la Iglesia, corriendo, gracias al idiota de Paquito, quien con su corbata naranja aseguraba conocer el supuesto camino que nos atrasó más de cuarenta minutos entre las callejuelas carrasquenses, hasta que harta de dar vueltas llamé a uno de mis amigos que no me quiso acompañar quien nos explicó como salir del laberinto y llegar a la Iglesia. Nadie me lo agradeció. Muy lindo el casorio, muy linda la ceremonia. Lloré y todo. Pero todavía me faltaba ir a la fiesta.
Enganché con otra chica del colegio que ni me acordaba que existía y que resultó ser la más divertida, simpática y con onda de la noche, que me llevó en su auto a la fiesta. Ella y su novio, alucinantes... Por supuesto, nunca había sido amiga de las "gurisas". La primer parte de la fiesta estuvo re bien, encontramos la mesa, tomamos, comimos, los novios de mis compis resultaron ser de lo más simpáticos, incluso Paquito que estaba sentado al lado mío resultó ser un chiste, pero tuve que procurar no caerles demasiado bien después de recibir unas hermosas y poco cristianas caras de culo de mis queridas amiguitas. Era bellísima la silla vacía que habían dejado a mi lado, esperando que yo tuviera compañía. En cuanto terminamos de comer, llegó el momento que tanto temía... El baile. No hay nada peor, pero nada peor, que estar en una fiesta obligada a bailar con gente con la que uno no tiene confianza. Tratás de ser divertida y te dan la espalda. Decidís fumarte un cigarrillo y te miran acompasando una movida de caderas con cara de unite al grupo. Te unís, y de nuevo, no te dan bola. La gorda me tenía podrida, se quedó en la época de la competencia popular de nuestra pre-adolescencia; insitía en bailar sólo con Claudita y Mariana, como si en eso se le fuera la vida. Por momentos me quedaba parada solo observándolas... Era como estar en un baile del colegio, con el agravante de que la que siempre estaba conmigo en los años escolares esa noche se casaba y estaba con su nuevo marido y su familia... Las dos populares bailoteaban y dirigían a las otras dos bobas que morían por un par de pasitos compartidos con ellas. Antes éran muchas más las que las idolatraban, pero es increíble cómo consiguen seguir teniendo un séquito detrás de ellas, a pesar de los años y de las diferencias abismales que separan a las supuestas losers de las populares. Cada tanto llegaba mi única amiga de ese colegio, con su vestido blanco, hermosa, con una sonrisa que ponía de buen humor hasta a los mozos, y me salvaba de la tortura psicológica de la que estaba siendo víctima, pero la mayor parte del tiempo tuve que bancarme la lucha sin cuartel que me hacían estas chicas. No sé cuantas veces fui al baño, de inercia nomás, por hacer algo que me entretuviera; iba al baño, conversaba con las mujeres en la cola, que sé yo, perdía tiempo, como para no irme tan temprano. Cada tanto iba sola a la mesa, mandaba un mensaje a alguna amiga, llamaba a otra. Sola en una mesa redonda enorme, con retazos de comida y vasos a medio tomar, prendía un pucho y ahí me quedaba, 5, 10, 15 minutos, dependiendo de mi ánimo. Cada tanto pasaban una cumbia de las viejas, estilo Gilda, y me iba a la pista dispuesta a divertirme pero estaba tan pintada entre esa gente que terminaba rindiéndome y volviendo al baño, a buscar otra cerveza, o a mi querida mesa. Mientras, en esos breves momentos de encuentro conmigo misma, analizaba mi situación, sumiéndome en una depresión galopante. Miraba a las otras mesas, y estaba rodeada de parejas felices, algunas casadas, otras por, mientras me sacaba el zapato que reventaba mi dedo chiquito, más sola que la una... A las tres de la mañana estaba subida a un nuevo taxi, rumbo a mi casa con un gusto agridulce que hasta hoy siento en mi boca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







